En 1900 la mitad de la población de los EE UU, un país en el que residían 76 millones de personas al comienzo del siglo XX, vivía en zonas rurales, dependía de una economía agrícola basada en el modelo de las granjas unifamiliares, sufría tasas de analfabetismo de más del 20% entre los blancos y del 44% entre los negros y en el país sólo había 600.000 aparatos de teléfono. Medio siglo después, en 1950, el modelo había cambiado: la mitad de los estadounidenses vivía en ciudades, la misma proporción residía en casas en propiedad, la escolaridad era casi universal y había 50 millones de teléfonos.

El país al que a principios del siglo XX se consideraba universalmente una nación de zoquetes sin cultura —ellos mismos eran de similar opinión: una de las canciones más famosas de la época de la I Guerra Mundial fue How Are You Going to Keep 'Em Down on the Farm, After They've Seen Paree (Cómo los vas a devolver a la granja después de que hayan visto 'Parí')— y con escasos recursos económicos e industriales se convirtió en una superpotencia en la primera mitad del siglo XX. El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) explora el drástico y veloz cambio desde el punto de vista del arte y los artistas en la exposición American Modern: Hopper to O'Keeffe (Modernismo americano: de Hopper a O'Keeffee).

"Preocupación cultural"

La muestra, que está en cartel hasta el 26 de enero de 2014 y recopila obras —cuadros, dibujos, fotografías y esculturas— de medio centenar de artistas, está conformada por piezas de la gran colección propia de la pinacoteca, que desea demostrar cómo la "americanidad" fue un tema central creativo y una "preocupación cultural" notable del periodo durante el cual los EE UU protagonizaron el tránsito entre un país agrícola y bastante aislado y la primera superpotencia mundial.

Para la exposición temática el MoMA ha echado mano de una selección grandiosa que incluye más de cien obras de, entre otros, Charles Burchfield, Stuart Davis, Edward Hopper, Georgia O'Keeffe, Charles Sheeler, Florine Stettheimer, Alfred Stieglitz  y Andrew Wyeth. Están organizadas temáticamente en secciones como los paisajes urbanos y rurales, escenas industriales, naturalezas muertas y retratos.

Hopper fue uno de los primeros en mostrar la nostalgia por el paisaje que quedaba atrás El choque entre las realidades urbanas de una sociedad que se modernizaba rápidamente y la nostalgia por el paisaje idealizado del modelo que se estaba quedando atrás es patente, por ejemplo, en House by the Railroad, la solitaria mansión victoriana que contrasta con la dureza de la vía férrea pintada por Hopper en 1925 que fue, por cierto, el primer cuadro comprado por el MoMA, en 1930. El punto de vista metafórico y suave de Hopper contrasta con la evidencia descriptiva de American Landscape (1930), donde Sheeler pinta una de las primeras factorías automovilísticas del imperio Ford.

Melancolía por una vida más simple

La melancolía por el país que se desvanecía también está presente en fotos como la icónica American Rural Baroque (1930), donde Ralph Steiner muestra una solitaria mecedora que parece ser el último testimonio de una forma de vida más simple, o en la acuarela Rogues' Gallery (1916), en la que Burchfield contrapone flores marchitas con las siluetas oscuras de los silos y pajares de una granja.

American Modern también incluye obras que funcionan como recordatorios históricos y reflejos de la vida social estadounidense de la primera mitad del siglo, marcado por la Gran Depresión y dos guerras mundiales: la gracia festiva de Woman at the piano, de Elie Nadelman (1917), y los cuadros de George Bellows sobre combates de boxeo ejemplifican la desenvoltura de unos años ruidosos y abiertos a la brusquedad.

Los artistas se preguntaron si también la 'americanidad'  cambiaba La exposición, dicen desde el museo, "explora el cuerpo rico y diverso del arte" estadounidense durante una época en la cual los avances tecnológicos "modificaron el tamaño y el carácter de la base industrial del país" y las ciudades crecieron extraordinariamente, "con efectos sociales y culturales de amplio alcance". Los artistas "celebraron y cuestionaron estos cambios" y se preguntaron si también la "identidad nacional", la "americanidad", estaba cambiando.