S. E. Daughtridge, un ciudadano de Hillside, Nueva Jersey (Estados Unidos), escuchaba de manera persistente un zumbido tras una de las paredes de su vivienda. Sospechaba que tenía insectos en su casa, y por eso contactó con Mickey Hegedus, un apicultor y especialista en abejas para que le echara una mano. Hegedus introdujo una microcámara por un agujero y tras confirmar que había abejas, la sorpresa llegó al abrir la pared: un enorme panal con más de 30.000 abejas africanas, muy agresivas.

"Apenas practiqué un pequeño agujero para meter una cámara y comprobar las dimensiones de la colmena, una de ellas salió por la abertura y empezó a picarme", relata Hegedus, que afirma que si lo normal es que en estas operaciones reciba 5 ó 6 picaduras, en esta ocasión recibió más de 30, recoge Gizmodo.

El proceso de retirada del panal duró unas cinco horas. La ley estatal no permite su aniquilación y no se podían trasladar a una granja de miel por su agresividad, por lo que finalmente, la colmena fue instalada en una zona remota de montaña.