El origen de la fiesta celta de Halloween proviene, al igual que sucede en otras culturas y religiones, de la incertidumbre del ser humano frente a la muerte y de la necesidad de poder controlar ese otro mundo desconocido.

En estas culturas, para hacer frente a los demonios y espíritus malignos, se practicaban diferentes rituales --por ejemplo vaciar una calabaza y darle ese aspecto tenebroso para espantar a los espíritus malignos-- con el fin de controlar esa inquietud hacia el más allá y lo oculto.

El psicólogo de Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, Ildefonso Muñoz, explica que "lo que conocemos actualmente por Halloween no deja de ser una fiesta."

"Con un fin catártico, se ha conseguido frivolizar ese miedo a lo desconocido y en lugar de ahuyentar a esos seres tenebrosos nos convertimos nosotros mismos en ellos y los despojamos de esa entidad sobrenatural y maligna que desprendían".

A través de las distintas fiestas, pasajes del terror o bromas conseguimos canalizar las emociones de terror y miedo.

Respecto a los niños, el especialista apunta que "esta fiesta es positiva porque podemos transmitirles la capacidad de afrontar los miedos --a la oscuridad, a lo desconocido, a los monstruos, etcétera--. El primer paso para aprender a gestionar ese miedo es ser consciente de él, saber que existe una emoción que se llama 'miedo': una vez identificada, tenemos que hacerla consciente, sentirla, percibirla, y esto es un ejercicio bastante interesante tanto para los niños como para los adultos", relata Muñoz.

"También hay que tener en cuenta que normalmente los adultos transmitimos (sin querer) nuestros miedos a los niños", ha dicho. Igualmente, explica el psicólogo, "hay a niños a los que este tipo de celebraciones no les agrada".

En estos casos habrá que dosificárselo mucho más y, sobre todo, utilizar la ridiculización del monstruo con sentido del humor; es fundamental escuchar a los niños, descubrir cuáles son sus miedos y acercarnos gradualmente a ellos con el fin de minimizarlos y poder afrontarlos de una manera natural".

Para Muñoz, "la muerte, a no ser que las circunstancias del fallecimiento sean traumáticas, hay que desdramatizarla al ser un acontecimiento natural en la vida". "A los niños hay que hablarles con naturalidad sobre la muerte, con un lenguaje acorde a su edad y capacidad de comprensión, hacerles ver las cosas positivas de vivir y de poder aprovechar los buenos y bonitos momentos que la vida nos ofrece, para cuando llegue nuestro momento podamos haber vivido una vida tal y como nos gustaría haberla vivido", añade.

"Ambas costumbres, la festiva y la de culto a los fallecidos, pueden coexistir sin problemas; además, la festividad ayuda a sociabilizar porque se celebra con amigos, familiares y conocidos, y por último, es una manera de celebrar la vida tomando como temática el miedo y la muerte", concluye Ildefonso Muñoz.