Tras ingerir grandes dosis de alcohol, lo normal es que las horas posteriores se desencadene en el cuerpo lo que se conoce como resaca. Una mezcla de procesos que provocan malestar general más o menos agudo y que se agrava con los años.

Aunque existe una forma rápida de intentar evitar (o curar) una resaca, lo cierto es que no es fácil de cumplir y ésta acaba haciendo acto de presencia. Hay que tener en cuenta, además, que según el tipo de alcohol que se ingiera la resaca puede ser peor.

Así lo explican desde la Universidad de Oxford, donde señalan que el principal causante de la resaca y sus síntomas (dolor de cabeza, embotamiento del sistema nervioso, alteraciones gástricas, sed o sequedad en la boca) está en la deshidratación severa, que viene dada por unas sustancias llamadas congéneres. Éstas son un pequeñas sustancias residuales, entre ellas el metanol, la histamina, el acetaldehído y algunos tipos de polifenoles, generadas en la obtención del alcoholque se generan en pequeñas cantidades durante el proceso de obtención del alcohol y que en muchos casos resultan tóxicas para nuestro organismo.

Los congéneres pueden producir cambios a nivel endocrino y en el sistema inmune. Estos se encuentran en diferentes cantidades en las bebidas alcohólicas según su proceso de elaboración.

De esta manera, las bebidas más fermentadas o reposadas, como el whisky, vino tinto, licores o cognacs, tienen más congéneres y producen más resaca que otras destiladas y filtradas como el vodka o la ginebra, si comparamos teniendo en cuenta siempre dosis similares en la ingesta de estas bebidas.