Solo hay una cosa que los alumnos del examen práctico del carnet de conducir temen casi tanto como el suspenso: examinarse los lunes, los martes y los miércoles. Esos días la incertidumbre entre los que anhelan la L es total:hasta unas horas antes no se les comunica si su examinador se acoge a la huelga y, por tanto, desconocen si volverán a casa sin haber colocado el pie en el acelerador. La siguiente oportunidad, pese a tener prioridad sobre los alumnos de nuevo ingreso, puede alargarse hasta 20 días. Y nadie les promete que el examen caiga en jueven o en viernes la próxima vez.

Esta situación se repite sistemáticamente desde que el pasado 19 de junio los examinadores de tráfico iniciaron una huelga indefinida que se mantendrá todo el mes de noviembre y que ya ha afectado a unos 170.000 exámenes. Javi, un joven madrileño de 22 años, es uno de ellos. Lleva preparado desde julio, pero no fue hasta el 3 de octubre, martes, cuando recibió la primera convocatoria. Tres meses después. «Tráfico devolvió mis papeles a la autoescuela porque había demasiados alumnos», cuenta con resignación a 20minutos. Esta espera se traduce en una mayor inversión de dinero y tiempo con el fin de no perder destreza al volante. «He tenido que coger más clases y son bastante caras. Me niego a pagar más», sentencia.

He comprado dos bonos extra de clases con los que no contaba. Han sido 600 euros de más

Sin embargo, lo tendrá que hacer. El factor suerte no estuvo de su lado el 3 de octubre, cuando ya de camino al centro de exámenes le comunicaron lo que tanto él como sus compañeros temían: su examinador hacía huelga. Era hora de poner rumbo a casa junto al resto de compañeros, entre los que se encontraba Madeleine, una joven con una historia idéntica en tiempos y suerte a la suya. La siguiente oportunidad llega para ambos tres semanas después, el miércoles 25 de octubre...

Ese día, los nervios son evidentes en el centro de exámenes de Móstoles, donde decenas de alumnos esperan su turno junto al coche de la autoescuela. Javi y Madeleine llegan temprano y con la duda revoloteando: ¿Podrán meter primera esta vez? A unos metros de distancia espera con la misma incertidumbre Liliana, de 30 años. Para ella el carnet de coche es una cuestión de trabajo más que de ganas. Es la sexta vez que se presenta, dos veces por culpa de la huelga. «Cada vez es más dinero», cuenta a este medio agotada por la situación. Esta idea la suscribe Alberto:«He comprado dos bonos extra de clases con los que no contaba. Han sido 600 euros de más». Para algunos, como para Esther, de Alicante, la inversión total supera los 2.000 euros. Suspender solo eterniza un proceso ya de por sí largo. Barcelona, Oviedo o Almería lideran el ranking de las ciudades con un mayor seguimiento por de la huelga. En Madrid, sin embargo, se examinan en torno a un 60-70% de los alumnos.

Las autoescuelas, en crisis

Los conductores, sin embargo, no son los únicos afectados por un conflicto dilatado entre funcionarios y administración. Los primeros reclaman lo que en 2015 les prometió la DGT: un aumento de 250 euros del complemento específico y, con él, equiparar su nivel al que dicta la regulación europea para este tipo de puestos. La DGT, por su parte, echa balones fuera. «He hecho todo lo que está en mi mano, pero exigir a la DGT aquello que no tiene no es una postura viable», dice Gregorio Serrano, director general. Ahora el conflicto parece que está más cerca de solucionarse: las dos partes se sentarán a la mesa de negociación el martes 14 de noviembre, tres meses después de la última convocatoria.

Mientras tanto, las autoescuelas, al igual que los conductores, están en medio y hablan ya de "crisis" en el sector. «Nuestra situación económica se está tensando cada vez más», relata con enfado Ricardo Cano, de la Asociación provincial de autoescuelas de Madrid. «Han tenido que cerrarse sucursales. Somos rehenes de los examinadores, que nos están utilizando ante unas reclamaciones que no entramos a valorar si son justas o no. Pero somos intermediarios de una situación que no vemos fácil de solucionar», sentencia.

Rubén Castro, asesor de CNAE, va en la misma línea:«El año 2017 lo damos por perdido económicamente», asegura. «Estamos francamente desanimados porque somos incapaces de ver luz al final del túnel. Más de 30.000 familias dependen de este sector. Es un desastre total». Los problemas a los que se enfrentan son tres principalmente: no poder dar el servicio que demandan los alumnos por el tapón y la lista de espera, el perjuicio económico y el "miedo". "La gente tiene miedo a presentarse y que se retrase la obtención del permiso de conducir. Notamos muchísima merma en la inscripción de alumnos en nuestros centros", añade Cano.

Para Pedro Cifuentes, presidente de la Asociación de Profesores de Autoescuelas de Valencia, la única solución es que "Tráfico negocie". "El director general se ha enrocado, no se sienta a negociar. Los examinadores solicitan 2,5 millones para que se equipare su nivel a un C1 por un mandato de la comunidad europea. Desde la huelga, la DGT ha recaudado 34 millones y medio solo con las tasas". Por ello, no entiende por qué la Administración no cede y pide así una solución a corto plazo: "Hay un perjuicio a la sociedad y a la profesión, a la que están haciendo muchísimo daño".  

¿Qué piden los examinadores?

El conflicto entre la DGT y los examinadores viene de lejos. Se remonta a 2008, cuando "se subió el complemento específico y la categoría de los puestos de ventanilla". "Desempeñan un trabajo muy digno, pero se equiparó casi a nuestro nivel. Solicitamos que se nos suba también por las características especiales de nuestro puesto. Trabajamos en la calle, con frío, calor, sufrimos agresiones, accidentes laborales...", detalla Ángela Arias, vocal de la directiva de Asextra (Asociación de Examinadores de Tráfico). Piden equiparar su nivel a un C1 de funcionario, que es lo que dicta la regulación europea para este tipo de puestos, con la subida del complemento correspondiente.

Arias critica la postura de la DGT. "Gregorio Serrano —director general— ahora dice que es competencia del Ministerio de Hacienda. El 10 de mayo no dijo eso", comenta antes de animar a los políticos a que medien para ayudar a desencallar la situación. "Los partidos nos escuchan, todos menos el Gobierno".

Los examinadores, por el momento, continuarán con la huelga hasta que consigan la prioridad: el complemento específico. Y lamentan la situación de las autoescuelas. "Son los grandes perjudicados, el efecto colatoral. A los profesores los conocemos nosotros y sabemos que están pasando necesidades. Pero tenemos que seguir. Intentaremos abreviar la situación".