A pesar de que el acné suele estar vinculado a la adolescencia, se trata de una patología que no tiene edad. Afecta a una de cada dos mujeres adultas y es el primer motivo de consulta al dermatólogo, una afección que, además, en algunos casos, saca a la luz una patología subyacente.

Actrices como Cameron Díaz y Natalie Portman o la directora y guionista Lena Dunham padecen una enfermedad que afecta al 80% de los adolescentes hasta los 24 años y a mujeres con problemas hormonales, según la Organización Mundial de la Salud.

La dermatóloga del Hospital Santa Caterina de Girona, Ariadna Ortiz, afirma que cada vez "hay más personas adultas que sufren acné", una enfermedad a la que "se le resta importancia" por el hecho de que afecta a gran parte de la población, durante la adolescencia.

"Hay personas que no han padecido acné en su juventud, pero a las que luego les brota" en el rostro, pecho o espalda, indica la doctora Ortiz, quien explica que el acné adulto suele afectar a más a mujeres que a hombres y que no se deben "minimizar" sus efectos.

La doctora hace hincapié en que "el acné no se cura solo", de ahí que recomiende consultar con un profesional "en cuanto sea evidente" para conocer qué lo provoca y así tratarlo adecuadamente.

"Hay que romper un falso mito: no es una enfermedad banal", advierte la también directora médica de los laboratorios Pierre Fabre Dermocosmética.

"Existen tratamientos que permiten que no empeore", pero se trata de una enfermedad inflamatoria que puede tener "brotes acusados" que merman la autoestima de quien la padece.

"Todos queremos colgar nuestra mejor foto en las redes sociales, y el acné de la mujer adulta, aunque sea más leve que en un adolescente, provoca un impacto emocional mayor", con aumento de la "frustración" y de la "vergüenza" y más riesgo de cicatrices al tratarse de una piel "muy frágil", asegura.

El uso de anticonceptivos, un maquillaje inadecuado o una deficitaria higiene del rostro, además del estrés juegan un papel importante en la aparición del acné adulto, "que también puede ser el reflejo de una patología subyacente como un transtorno hormonal, producido por ovarios poliquísticos" o puede tratarse del síndrome Saha (seborrea, acné, hirsutismo, alopecia), explica la doctora.

Una razón por la que considera esencial el trabajo conjunto entre el ginecólogo y el dermatólogo, ya que en un mismo paciente se pueden dar diferentes tipos de acné.

Considera que una buena opción para atajar el problema es la cosmética especializada de A-Derma en el cuidado de la piel, y su gama Phys-AC para restablecer el "equilibrio de la barrera cutánea", pues son productos que además de "reequilibrar el acné, ayudan a reequilibrar la barrera cutánea", de estas pieles sensibles.

"Hay que concienciar a quien padece la enfermedad de que debe cambiar de hábitos. No vale cualquier producto". Utilizar cremas y maquillaje adecuado a su tipo de piel es "esencial" para que no se deteriore, e indica que el agua micelar puede ser una opción para no dañar con tratamientos agresivos, "que deben ser siempre personalizados".

La Dra. Ortiz considera que el verano puede mejorar la piel acneíca. Aunque "no hace desaparecer" el acné, "sí disminuye sus lesiones". La contrapartida es que el sol produce hiperqueratización, un engrosamiento de la epidermis que favorece el taponamiento del folículo piloso, lo que provoca que después del verano "aparezca con mayor intensidad".

La dermatóloga desmonta la idea de que una piel con acné envejece mejor. "El acné no tiene relación con el envejecimiento" por el hecho de ser la piel más grasa, indica, de la misma manera que no se ha probado que "comer chocolate" favorezca su aparición, "si la ingesta es moderada", puntualiza.

Ariadna Ortiz recomienda "una dieta lo más equilibrada posible, como la paleolítica, rica en frutas y verduras, y evitar alimentos saturados de grasas y azúcares", concluye.