El vínculo entre cine y literatura siempre ha sido fuerte y a menudo gratificante. Por eso resulta especialmente emocionante descubrir que hoy, que se celebra en España el Día de las Librerías, la cartelera se llena de tributos a las letras con las películas Oro, adaptación de un relato corto de Arturo Pérez-Reverte, Musa, basada en la novela La dama número trece, centrada en el poder de la palabra y repleta de referencias a grandes autores de la historia de la literatura y, sobre todo, La librería, de Isabel Coixet, una carta de amor a los apasionados por la lectura.

La última producción de la directora catalana, construida a partir de la novela homónima de Penelope Fitzgerald, reúne con tino los mejores elementos de su filmografía. A saber, elegancia visual, sutileza narrativa, interpretaciones contenidas y un buen número de personajes femeninos cargados de fuerza, intelectual y emocional, no temperamental.

Emily Mortimer es Florence Green, una mujer viuda de una localidad costera británica que, apasionada por la lectura, se propone abrir una librería en un pequeño local abandonado. Aparentemente débil, a causa de su personalidad tranquila, educada y amable en extremo, Green es en realidad una persona perseverante y decidida a conseguir lo que se propone.

Por desgracia para ella, otra mujer, la aristócrata Violet Gamart (Patricia Clarkson) se propone frustrar sus planes. Encaprichada de repente con el local de la librería, no duda en utilizar todos sus recursos e influencias para acabar con el modesto negocio.

La batalla se desarrolla con el más estricto y protocalario saber estar británico

De este modo, estas dos mujeres se convierten en las protagonistas de una nueva versión de una historia clásica, la de David contra Goliat, la del pez grande que se come –o intenta comerse– al chico, la de los poderosos que no tienen ningún tipo de escrúpulo a la hora de aplastar a los que están por debajo, a veces solo por el mero hecho de que pueden hacerlo.

Pero esta guerra no es sucia. Aquí no hay violencia ni palabras malsonantes. La batalla se desarrolla con el más estricto y protocalario saber estar británico, en un decorado lleno de telas por el que amabilísimas palabras vuelan como dardos envenenados. El reino por conquistar es un viejo local y los ejércitos, claramente descompensados, son casi invisibles.

Mientras que la odiable Violet está respaldada por la amplia red de influencias de la alta sociedad, Florence solo cuenta en sus filas con una inteligente niña de diez años y con el Sr. Brundish, un solitario y misántropo caballero interpretado por Bill Nighy, que todo lo hace bien y que en esta ocasión nos regala un personaje conmovedor.

La química que tiene con la protagonista es evidente y la pasión que ambos comparten por los libros deja bellos homenajes a grandes obras y literatos en forma de eruditas referencias. Por La librería se dejan ver, entre otras, las Crónicas marcianas de Ray Bradbury o la Lolita de Vladimir Nabokov.

Este bien avenido matrimonio entre el cine y las letras cerró el círculo perfecto hace un mes, cuando la película recibió el premio a la mejor adaptación literaria en la Feria del Libro de Frankfurt. Ahora, la cinta de Coixet llega a los cines e invita a los espectadores a descubrir en sus páginas la lucha del tesón femenino contra una perversidad de buenos modales, una película que se puede leer.