A pesar de que hoy en día sus singulares composiciones pictóricas son mundialmente famosas, las pinturas de Giuseppe Arcimboldo (Milán, 1527-1593) pasaron varios cientos de años en el olvido tras su muerte a finales del siglo XVI. Con la llegada del siglo XX y el nacimiento del Surrealismo, muchos artistas (Dalí a la cabeza) recuperaron su obra y lo adoptaron como un maestro.

Gran parte de la culpa de este 'renacimiento' del italiano la tuvo el primer director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, que lo incluyó entre los artistas precedentes del movimiento surrealista europeo en la legendaria exposición Fantastic Art. Dada Surrealism que pudo verse en Estados Unidos entre los años 1936 y 1937.

Cincuenta años más tarde, en 1987, el Palacio Grassi de Venecia ponía en marcha la muestra El efecto Arcimboldo donde quedó patente la influencia de éste en artistas del siglo XX que apostaron también por las ilusiones ópticas o las metamorfosis como Shigeo Fukuda, Octavio Ocampo o el cineasta Jan Švankmajer.

Aficionados o no al arte, pocos son los que hoy en día no conocen la obra de este mago de los juegos visuales. Popular, sobre todo, por sus 'cabezas compuestas' a partir de flores, frutas, plantas, animales y objetos. Como si fuesen las piezas de un extraño puzzle, la composición de todos estos elementos daba como resultado un retrato de asombroso parecido con el sujeto retratado. Hoy, además, sabemos que aparte de su valor artístico revelan amplios conocimientos de botánica, zoología o anatomía por parte del artista.

Flores, estaciones y elementos

Los que quieran admirar de cerca los múltiples detalles que encierra cada una de sus obras pueden acercarse hasta el próximo 5 de febrero al Museo de Bellas Artes de Bilbao. Allí acaba de inaugurarse una pequeña pero muy interesante exposición, Arcimboldo. Las Floras y la Primavera, que reúne por primera vez las obras del pintor conservadas en las colecciones españolas.

El eje principal de la muestra gira alrededor de los óleos sobre tabla Flora (1589) y Flora meretriz (1590) pertenecientes a una colección particular y La Primavera de la serie Las Estaciones (1563), que forma parte de la colección del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Las tres son las únicas obras originales realizadas por el pintor que se conservan en nuestro país a pesar de que el rey español Felipe II recibió once cuadros de sus series Las Estaciones y Los Elementos, que en la actualidad se consideran perdidos.

A ellas se suman otras once piezas, entre las que se encuentran dos copias contemporáneas de El Otoño y El Invierno de la colección de la duquesa de Cardona (Córdoba). Según explica el comisario de la exposición, Jose Luis Merino Gorospe, con estas obras el artista pretendía reflejar también la grandiosidad y poderío del entonces emperador Maximiliano II (contemporáneo de Felipe II) para el que realizó las series de Las Estaciones y Los Elementos y de su hijo Rodolfo II, que le encargó 'las floras'.