Este 2017 podría considerarse, al menos entre los aficionados al arte, como 'el año David Hockney'. Con 80 años recién cumplidos –el pasado 9 de julio- la Tate Britain se vestía de gala en febrero para dedicarle una gran retrospectiva con casi 200 obras que abarcaban todas sus etapas. Quedó claro entonces, que este virtuoso del dibujo desde su más tierna infancia, era uno de los artistas británicos más queridos de su país y que se le concedía en vida el estatus de clásico.

El director de la pinacoteca británica, Alex Farquharson, decía entonces: "David Hockney es sin duda uno de los artistas vivos más grandes de Gran Bretaña. Su práctica es a la vez consistente en su búsqueda de preocupaciones centrales, mientras que también maravillosamente diversa. El impacto de Hockney en el arte de posguerra y en la cultura en general es inestimable".

A punto de poner punto y final a este año, recala en el Museo Guggenheim de Bilbao la exposición David Hockney: 82 retratos y 1 bodegón, que ya pudo verse durante el verano del pasado año en la Real Academia de Artes de Londres. El artista – que hace cinco años presentó en la capital vizcaína la monumental Una visión más amplia dedicada a los paisajes- aborda en esta ocasión una instalación dedicada en su totalidad al retrato (a excepción del bodegón que los acompaña).

El punto de partida de la muestra es singular. De vuelta a Los Ángeles en el verano de 2013, -ciudad donde se autoexilió en 1978 en busca de una mayor tolerancia hacia su homosexualidad confesa y donde suele pasar largas temporadas a pesar de que sigue manteniendo su nacionalidad y residencia en Londres- pintó el primero de lo que acabaría convirtiéndose en una serie de más de 90 retratos.

Reunión de amigos

Yo no hago famosos: la fotografía sí. Mis famosos son mis amigos

El resultado nos ofrece, además, la posibilidad de acceder al diario personal del artista ya que durante más de dos años los retratados llenaron, básicamente, su día a día. Entre los modelos se encuentran familiares como su hermana Margaret, su mánager Jean-Pierre Gonçalves de Lima (que a su vez planificó las sesiones, preparó el material de pintura y documentó fotográficamente el proceso), su compañero durante décadas Gregory Evans (quien fundó y dirige el David Hockney Studio), grandes amigos como la diseñadora textil Celia Birtwell o los artistas Bing McGilvray o John Baldessari e, incluso, su ama de llaves y el mecánico que fue a repararle el frigorífico. "Los famosos están hechos para la fotografía", dice Hockney intentando explicar el por qué de esta elección. "Yo no hago famosos: la fotografía sí. Mis famosos son mis amigos".

Todas las obras muestran al modelo sentado en la misma silla, con el mismo fondo azul, lo que nos permite concentrarnos en las personalidades de los protagonistas

A todos se les pidió cumplir el mismo requisito: posar durante tres días. En cuanto al modus operandi: las sesiones comenzaban muy temprano en el estudio del pintor, en la primera parte del proceso realizaba un dibujo a carboncillo sobre el lienzo imprimado y una vez finalizado comenzaba el trabajo con pintura acrílica, un medio que Hockney no había utilizado en 20 años. Todas las obras son del mismo tamaño y muestran al modelo sentado en la misma silla, con el mismo tono de luz tan típicamente californiano y el mismo fondo azul, lo que nos permite concentrarnos más si cabe en las personalidades de los protagonistas.

¿Y el solitario bodegón que les acompaña? Cuenta el artista que en una ocasión uno de los modelos no pudo acudir a la cita y deseoso de trabajar, recurrió a lo que tenía más a mano en su estudio: una frutas y unas hortalizas.

Pero 'el año Hockney' no acaba aquí. A día de hoy, el artista se encuentra inmerso en la preparación de un gran retrospectiva que le va a dedicar el Museo Metropolitano de Arte (MET) de Nueva York y que se inaugurará a finales de mes. En la exposición revisitará alguno de los temas que abordó en el pasado pero desde nueva perspectiva, con mayor profundidad, como sus pinturas sobre el Gran Cañón del Colorado o la calle de Los Ángeles que lleva a su estudio. Pero esta es otra historia, que merecerá la pena contar cuando llegue.