Hace dos semanas llegó Merkel a España para dar su aprobado a los ajustes efectuados por el Gobierno y no dejó pasar la ocasión para poner más deberes: hay que vincular la evolución de los salarios a la productividad. De momento es un trabajo para subir nota, pero la canciller alemana quiere que sus socios europeos adopten esa política y defenderá que se implante como contraprestación al incremento del fondo de rescate europeo. La ofensiva por la contención salarial –por los sueldos bajos, en definitiva– se juega por tanto en la UE. Los conservadores alemanes del Ejecutivo de Merkel han encontrado como socios en esta campaña al también conservador Gobierno francés. Juntos han logrado que el tema sea considerado, aunque solo más adelante se verá en qué acaba la cuestión.

En España, la propuesta de Merkel ha recibido críticas generalizadas: el Ministerio de Trabajo, los sindicatos e incluso la patronal CEOE se pronunciaron en contra. Sin embargo, el ministro Valeriano Gómez corrigió hace unos días esta postura y se mostró dispuesto a incorporar "mejor" la variable productividad en los salarios. Solo el Banco de España se ha manifestado claramente a favor de tal medida.

Un debate complicado

La revisión salarial en España se hace en enero de cada año a partir del dato del IPC previsto para ese ejercicio. Si luego la inflación es superior a esa cifra, existen cláusulas de corrección que compensan la diferencia. Los problemas de cambiar este modelo por uno en el que el aumento de las retribuciones se fije en relación a los resultados empresariales son muchos. El primero es de carácter político, porque, como se ha dicho, quiere hacerse en el ámbito europeo, donde hay diferentes sensibilidades. En el caso español la receta de Merkel podría ser contraproducente

El segundo problema es macroeconómico. No hay unanimidad sobre la conveniencia de la medida para favorecer el crecimiento. Lo que se persigue con ella es ganar competitividad: que el precio de un producto elaborado descienda porque bajan los costes laborales que lleva aparejados. Así, se favorece la exportación. Es uno de los puntos fuertes de la economía alemana, pero, por el contrario, su consumo interno es débil, fruto de esa misma contención salarial.

Si toda la UE lo aplica, las exportaciones entre los países miembros también disminuirían. En el caso español, con una economía principalmente de servicios y no orientada a la exportación, esta medida podría ser contraproducente. Algunos expertos creen además que el círculo que componen salarios, consumo e inflación podría invertirse derivando en deflación, la trampa en la que la economía japonesa lleva atrapada más de 15 años.

El tercer problema es laboral: el propio proceso de cambio puede generar más conflictividad –y el consiguiente descenso de productividad–, y se enfrenta con la evidencia, en el caso español, de que los salarios bajaron durante la época de bonanza pese a estar ligados a la inflación. Además, tal y como denuncia la izquierda, la contabilidad creativa permite ajustar los balances empresariales evitando las mejoras retributivas de los trabajadores. El ejemplo más evidente son los bonos de los directivos de las compañías:la semana pasada se supo que los directivos de Caja Madrid cobrarán 25 millones por esta vía.

¿Quién produce más?

Zapatero (presidente del Gobierno) gana 78.185 euros. Rajoy (pte. del PP) gana 200.000 euros aproximadamente. Un controlador aéreo gana, de media, 250.000 euros aproximadamente. Un médico especialista, 40.400 euros aproximadamente. El Salario mínimo interprofesional es de  8.979 euros.