Les voy a contar una de lobos. Animales sanguinarios, crueles y viciosos donde los haya que han soltado los ecologistas para arruinar a los ganaderos y obligarles a abandonar sus pueblos, sin vacas ni ovejas ni cabras en el monte, todo arrasado por culpa de esos bichos malnacidos. Les sonará el cuento de Caperucita. Es tan viejo como la humanidad, tan viejo como el odio atávico que sentimos por ese competidor de la naturaleza, un superdepredador tan inteligente que puede con nosotros, nos mata el ganado y se nos caga en el morral.

En el cuento de Caperucita el bueno es el cazador, el salvador de la inocente y de la tonta de su abuelita. Pim, pam, pum. Los problemas los hemos arreglado siempre a tiros. Y así seguimos. No íbamos a hacer excepciones con el lobo. Entre 2008 y 2013 se han matado en España, legalmente y con todas las bendiciones, 582 lobos. Otro millar más murió ilegalmente, con menos bendiciones.

Se supone que permitiendo su caza el personal queda contento. Se relaja relamiéndose unas gotas de la sangre de su enemigo y haciéndose alguna que otra foto victoriosa en plan machito valiente. Se supone que si les dejamos matar unos cuantos lobos protestarán menos. Pero también eso es un cuento. El gusto por el gatillo es insaciable, siempre quiere más. La caza no mejora la tolerancia hacia los cazados, todo lo contrario. Lo demuestra un reciente artículo científico realizado con lobos norteamericanos. La tolerancia hacia esos animales disminuyó entre cazadores y ganaderos a pesar de que podían cazarlos. En España ocurre lo mismo. Dicen en Asturias que con lobos no hay paraíso. Y cuantos más matan y cuelgan sus cabezas de señales de tráfico, más cadáveres quieren y más cabezas les regalan nuestros políticos. No existe una evaluación de los efectos de la caza sobre sus poblaciones ni se tiene idea clara de cuál es el efecto que provoca el actual y disparatado control de ejemplares, pero cada año se autoriza la muerte de un mayor número.

Entre 2008 y 2013 se han matado en España, legalmente y con bendiciones, 582 lobosDice el consejero de Medio Ambiente de Castilla y León que el lobo es "una preocupación de primera magnitud" para su departamento, pues "está en peligro el modo de vida, la cultura, la economía y, sobre todo, la población del mundo rural", con el consiguiente 2peligro de despoblación del territorio". ¿Les suena el cuento? No culpa del problema al actual mercado mundial especulativo, a la competencia de otros países, al envejecimiento de la población, la globalización, la caída de los precios, la falta de futuro en los pueblos o el cambio climático. El único culpable es el lobo. Y la única solución es exterminarlo. A un ritmo legal que en esa región se ha establecido, a ojo de buen cubero pues no hay censos serios ni periódicos, en 143 ejemplares anuales. Más los que se maten al sur del río Duero, en contra de las normativas europeas que le consideran especie ‘extrictamente protegida, pero como excepcionalidad asumible se permite matar otros cuantos ejemplares con los que contentar al personal. El lobo, ya se sabe, no vota.

¿Cuántos más lobos matemos menos daños habrá? Pues tampoco, Caperucita, que pareces boba. Matar a tiros a los miembros de una lobada, al azar, al primero que se cruce por la escopeta, desestructura la manada. Si muere el jefe, el conocido como macho alfa, otro macho más inexperto le sustituirá. Y deberá hacer frente al reto de dirigir las próximas cacerías, muchas veces con una tropa mermada en efectivos. Por lógica cazarán peor. Serán incapaces de atrapar ciervos, corzos o jabalíes. Y se irán a por lo más fácil: el ganado. El hambre les empujará a vencer su temor a los seres humanos, superando nuestras protecciones con inteligencia y mucha decisión suicida. Por eso, cuantos más lobos se maten más aumentarán los daños ganaderos. Las batidas que ahora nos venden los políticos como la única alternativa posible son otro cuento chino, avivan el problema en lugar de solucionarlo.