Pues efectivamente: el que calla otorga. Y en todos estos años ha habido muchos y muchas, demasiados, que han callado sabiendo lo que pasaba. Miraban hacia otro lado cuando no se dedicaban a aplaudir y jalear. Y ahora, se rasgan las vestiduras, se hacen los sorprendidos, se echan las manos a la cabeza y dicen que están horrorizados con las historias de abusos de sus megaestrellas. ¡Por favor!


¿De verdad quieren hacernos creer que lo que ocurría en un set de rodaje nadie lo veía? ¿Que los manoseos, los abusos, los te acorralo contra la pared era algo que ocurría en cuartos oscuros? Pero claro, estamos hablando de la poderosa industria del cine, de las poderosas productoras que facturaban millones con esos depredadores sexuales (porque no hay otra forma de llamarlos). Y ahora, anuncian que los despiden, que renuncian a hacer promoción de sus películas porque se sienten horrorizados. ¡Por favor¡


Pero es que aquí callaban todos y todas. La actriz de The Good Wife, Julianna Margulies, ha contado cómo en los años 90, una directora de casting, una mujer, le hizo una encerrona para que acudiera a un hotel en el que le esperaba Steven Seagal para revisar, supuestamente, una escena de la película que estaban rodando. Cuenta que la cita era a las 10 de la noche, algo ya sospechoso, y que cuando llegó, el actor fue muy explícito con lo que quería o esperaba de ella. Asegura que la amenazó con una pistola. La mujer que le metió en esa trampa era plenamente consciente de lo que iba a pasar en esa habitación de hotel. Y es repugnante. Hay tanta gente que ha callado durante tantos años que resulta hipócrita escuchar ahora las explicaciones de agentes y representantes diciendo que estos depredadores sexuales (sí, es lo que son) se van a someter a tratamientos para curar su adicción al sexo. ¡Por favor!

La mujer que le metió en la trampa era plenamente consciente de lo que iba a pasar


¡Que esto no va solo de adicción al sexo, que va de abuso de poder, de sentirse impunes, de creer que ellas o ellos son objetos que se pueden utilizar a su antojo. De sentirse por encima del bien y del mal. Y de saber que hiceran lo hicieran, todo el mundo iba a callar!

Esto es la punta del iceberg y, desde luego, no afecta solo a la industria del cine. Esto ha ocurrido en todos los ámbitos, durante años. Y ya está bien. Ha habido demasiada gente que ha aceptado estas normas de juego, que incluso ha hecho de ellas su forma de vida. Todos podemos identificar en nuestro entorno a mujeres que han ascendido profesionalmente usando sus armas de mujer. Así que ¡por favor!