Inspirados por Juego de Tronos, los sindicatos llevaron a la reunión al zombi de uno de los 180.000 empleos destruidos en agosto. Cuando se lanzó sobre la ministra, solo pudieron frenarlo con un contrato temporal. No sirvió. Báñez sigue aferrada a su primavera del empleo, pero aún no sabe que el Muro de promesas ha caído ante el avance del ejército de parados.