No puede trabajar tanto como quisiera. Su hija la necesita y el Estado le da la espalda. Desde la insolidaridad y desde la más absurda torpeza: una ayuda económica a su familia significaría un puesto de trabajo para ti, cuidador profesional; o una madre con ingresos para comprar los juguetes que tú fabricas, el pescado que tú despachas o el coche que se anuncia en 20minutos. Con mis impuestos, que ayuden a Vanesa, a Izaskun, a María...