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José Luis Cuerda: mucho más que humor absurdo

La carrera de José Luis Cuerda no puede limitarse al humor rural, ya que pocos directores como él han mirado tan de frente nuestra historia.

José Luis Cuerda: mucho más que humor absurdo

Pocos directores españoles alcanzaron la popularidad de José Luis Cuerda, que ha fallecido hoy a los 72 años en Madrid. Pero la popularidad, como es sabido, conlleva malentendidos, y, por ello, el autor de Amanece, que no es poco es seguramente fue uno de los directores españoles peor conocidos.

Su fama se debió a las películas pertenecientes a esa vanguardia que él mismo bautizó como “surruralismo”, visión entre absurda y alucinada del campo español que entronca con varias de nuestras tradiciones cómicas, del costumbrismo al nonsense. A esta corriente pertenece Amanece, que no es poco (1989), verdadera cima de la comedia española y una película que cada día crece más y que nunca se puede dejar de revisitar.

Pero Amanece… venía precedida por Total, de 1983, una distopía campesina que parafrasea a la Biblia, y continuaría con Así en el cielo como en la tierra (1995) y Tiempo después (2018). Esta querencia por la comedia también se veía en los intentos que hizo Cuerda por tomar la temperatura a su tiempo. Con su ópera prima, Pares y nones (1983), quiso mostrar cómo dos parejas se engañaban a sí mismas para sentirse sentimentalmente modernas, como los nuevos tiempos indicaban.

10 años después realizó Tocando fondo (1993), una comedia familiar con la crisis económica como telón de fondo. Pero junto a esta tendencia Cuerda también insistió en revisitar la historia de España. Con La marrana (1992) intentó contar la intrahistoria de picaresca y miseria del descubrimiento de América, y con La viuda del Capitán Estrada (1991), La lengua de las mariposas (1999) y Los girasoles ciegos (2008), todas ellas adaptaciones literarias, quiso ajustar cuentas con la Guerra Civil y la posguerra, mostrándola como el origen de nuestro retraso sentimental.

Muchas veces se olvida que Cuerda quizá fue uno de los mejores lectores de nuestro cine: seis de sus 12 películas son adaptaciones, incluyendo El bosque animado (1987) una adaptación madura de una historia de magia, a la que supo acercar al esperpento, otra tradición tan nuestra. Pero ¿a quién le puede extrañar esto de alguien que conocía a Faulkner de memoria?

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