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¿Y si la ‘Liga de la Justicia’ de Joss Whedon no estuviera tan mal?

El movimiento que ha conducido al Snyder Cut podría no haber merecido la pena.

Fotograma de 'Liga de la Justicia' (versión 2017)

[ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE LA LIGA DE LA JUSTICIA DE ZACK SNYDER]

Lo primero es lo primero. Está bien que Zack Snyder lo haya conseguido. Está bien que tantos fans hayan impulsado el #ReleaseTheSnyderCut, y está bien que estos mismos fans disfruten ahora de La Liga de la Justicia de Zack Snyder. La historia de la trilogía superheroica emprendida en DC por el director de Watchmen va mucho más allá de lo que cuentan las películas en sí mismas, pues todo lo que las rodea alude a unas cuestiones muy pertinentes en el mainstream: el papel ingentemente activo de los consumidores desde redes sociales, los abusos de poder en Hollywood, o la difícil confluencia de tales elementos con una visión autoral.

Ahondando en esa línea, a estas alturas está más que claro que los reshoots que atravesó Liga de la Justicia en 2016 luego de la salida de Snyder se toparon con actitudes tóxicas inadmisibles por parte de los productores y del cineasta contratado para sustituir al saliente: Joss Whedon. Teniendo en cuenta esto y la tragedia familiar que motivó el abandono de Snyder y su esposa Deborah del proyecto, es razonable percibir La Liga de la Justicia, antes que cualquier cosa y aunque suene redundante, como un acto de justicia. Podemos alegrarnos por los Snyder y por sus fans, sin duda. Podemos, y debemos.

Pero alejándonos del componente humano y suscribiendo este antagonismo con la versión de 2017 (fomentado por el propio director), tampoco estaría de más examinar qué une y separa a ambas películas. ¿Es automáticamente mejor La Liga de la Justicia de Zack Snyder que Liga de la Justicia de Joss Whedon (aunque también llegara a los cines firmada por Snyder) solo porque ahora el director ha conservado su batuta en todo momento? ¿Fueron tan nocivos los reshoots de Warner? 

Asumámoslo: nunca ha existido un Snyder Cut

Es lo primero que hay que tener en cuenta si se quiere analizar el fenómeno con la perspectiva necesaria. Batman v Superman: El amanecer de la Justica tenía el propósito de alumbrar el gran crossover de DC: todo en su gestación remitía a un amplio plan, del que la major había designado a Snyder como principal impulsor. Por eso el director ya había empezado a pensar en Liga de la Justicia antes de su estreno. Y por eso, cuando El amanecer de la Justicia tuvo una recepción de crítica y público tan desigual, Warner ya había obligado a Snyder a cambiar su visión inicial.

No se puede insistir en ello lo suficiente. Cuando el rodaje de Liga de la Justicia comenzó, el proyecto ya había dejado de parecerse a lo que Snyder tenía en la cabeza, y desde luego ya contrastaba con lo mostrado en Batman v Superman. Por supuesto, el film de 2016 terminaba con la puerta abierta a la esperanza, con Superman muerto pero con Bruce Wayne habiendo aprendido lo que debía aprender de él. Asumiendo que era necesario, y que la Tierra necesitaba superhéroes. Esa fue siempre la idea troncal de Liga de la Justicia… pero a Warner no le convencía el tono.

Muchos espectadores se han sorprendido de que La Liga de la Justicia de Zack Snyder siga teniendo tanto humor. Hace algunos días, todos ellos habrían jurado que una escena como el encuentro de Bruce y Barry Allen había salido de la pluma de Whedon. Pero, si hemos de ceñirnos a la palabra de Snyder, nada de lo que vemos en esta Liga de la Justicia fue filmado por el director de Los Vengadores. Así que el diálogo es suyo o, más bien, del guion original de Chris Terrio.

Warner exigió que Liga de la Justicia fuera más luminosa que El hombre de acero y Batman v Superman. Exigió que tuviera un tono más parecido a Los Vengadores, y esto pasó mucho antes de que Snyder fuera sustituido por Whedon en el rodaje. Lo que puede implicar que Liga de la Justicia nunca fue una película 100% suya, sí, pero también que el director pudo aprender a sentirse cómodo con lo que había, y tratar de conservar algún reducto de su personalidad en este nuevo rumbo. La Liga de la Justicia de Zack Snyder no es más que eso: una película donde el director puede permitirse seguir siendo él mientras lo tiene todo en contra.

Pero claro, esta no fue la primera versión que vimos. La película estrenada en cines venía con escenas rodadas por Whedon en función a la misma indicación que le habían impuesto a Snyder: esta película tiene que ser más luminosa. Tiene que ser más Los Vengadores. Y claro. Whedon era alguien mucho más idóneo para llevar esto a buen término que Snyder. La Liga de la Justicia de Zack Snyder lo demuestra.

Ezra Miller, Ben Affleck y Gal Gadot

Qué hizo exactamente Whedon

El visionado de La Liga de la Justicia de Zack Snyder permite valorar qué es lo que intentó hacer Whedon auspiciado por Warner. Las ausencias que aquí detectamos con respecto a la película de 2017 son reveladoras, y en su afán por suponer una sanción de lo visto anteriormente (ese antagonismo que citábamos, refrendado por espectadores que quemaban sus DVDs de la “Josstice League") ilustran claramente por qué el director de Los Vengadores hizo lo que hizo.

Si consideramos La Liga de la Justicia de Zack Snyder como el material de partida sobre el que trabajó Whedon (es mucho considerar, pero vamos a intentarlo descartando todo lo relativo a las escenas extra que Snyder rodó hace pocos meses), parece evidente que este intentó desarrollar un entramado dramático que obedeciera con mayor fidelidad al plan de Warner. Aunque haya líneas significativas como ese “soy un gran fan de la justicia” que decía Superman en la versión de 2017, los chistes tontorrones son solo la punta del iceberg. Whedon hizo algo más. Whedon bajó a los dioses a la Tierra.

Sobre el material de Snyder, el director resolvió que todo debía orbitar en torno a la desaparición de Superman, y a cómo su resurrección simbolizaba el regreso de la esperanza para la humanidad. Al principio parecía complicado, pero con un par de elementos lo bastante potentes se podía apañar. Más planos detalle de las calles. Más rostros de ciudadanos de a pie, compungidos por la muerte del Último Hijo de Krypton. Acompañar estas imágenes de una versión cacharrera de Leonard Cohen era lo que Whedon entendía, entonces, por guardar algo de respeto al legado de Snyder. Y no iba desencaminado.

La primera escena de la película (esa en la que a través de la pantalla del móvil veíamos a Superman relacionándose con nosotros) fue víctima de un pitorreo tremebundo a cuenta del afeitado de Henry Cavill. Pero, más allá de este, servía totalmente al propósito referenciado, e incluso poseía una gran fuerza conceptual como escena-espejo de aquella que abría Batman v Superman. Aquí, nuevamente, Superman era contemplado desde la perspectiva de los mortales, pero donde Bruce Wayne le había visto arrasar una ciudad durante su enfrentamiento con Zod, aquí veíamos a un superhéroe afable. Cercano.

Liga de la Justicia de Joss Whedon intentaba reparar el desaguisado blindando un discurso que le convenía al estudio, porque este era uno que respaldaba la narrativa superheroica mainstream. Esto es, Marvel. Personajes imperfectos, atolondrados, inseguros, que podían mirar de igual a igual a quienes se disponían a salvar. Personajes que suscribían un heroísmo mundano, pero que por otra parte encajaba con la frase que figuraba en la tumba de Superman: “Si quieres saber cuál es su legado, mira alrededor”.

El último remate a esta tesis tenía que ver con la batalla final contra Steppenwolf, donde en clara sanción contra la batalla de Metrópolis y sus víctimas colaterales, Whedon incorporaba un segmento con The Flash intentando salvar a una familia de los estragos del encuentro. Se trataba, casi, del desplante final. De la asunción de que estos superhéroes eran como nosotros y, por tanto, su heroísmo podía ser el nuestro.

Vaya, que la película de Joss Whedon era un desastre, pero tenía claro lo que quería decir.

Los superhéroes tal y como los vimos en 2017

Qué ha hecho exactamente Snyder

Pero solo podemos hablar de Liga de la Justicia 2017 como desastre en tanto a unos problemas reconocibles en films como la propia Batman v Superman o en La era de Ultrón que dirigiera Whedon: películas tan abocadas a ser grandes eventos y sembrar o reunir caminos que no son capaces de respirar, abocando a cacaos narrativos donde es fácil que el espectador termine por no reconocer nada de lo que ve. En Liga de la Justicia 2017, con el agravante de que esto se había canalizado en dos horas ajustadísimas.

Esto es, sobre todo, lo que arregla La Liga de la Justicia de Zack Snyder. Con esa inyección enorme de minutaje, la película puede fortalecer las dinámicas entre justicieros y presentar con mayor convicción a los dos héroes peor tratados del montaje de Whedon, Cyborg y Flash. Cyborg consigue apelar al espectador con su historia de orígenes y el mayor detalle de sus sorprendentes poderes, y la idea de que el clímax dramático se fusione con su reconciliación paterna es (o fue, si entendemos que esto ya estaba en el borrador de Terrio) una excelente idea. 

Ray Fisher en 'La Liga de la Justicia de Zack Snyder'

A un nivel narrativo, y desde un ámbito superficial, La Liga de la Justicia de Zack Snyder rinde mejor que Liga de la Justicia 2017. Los personajes se benefician del nuevo montaje, y el mundo fantasioso en el que habitan puede expandirse bien para darle mayor trasfondo a Steppenwolf, Darkseid o las Cajas Madre, bien para dar cita a multitud de finales y pistas que añadan interés al ambiguo futuro de DC. Ahora bien, esto no tiene por qué hacer de La Liga de la Justicia una película mejor.

De hecho, el Snyder Cut adolece de unos problemas que Liga de la Justicia 2017 no tenía, como es la indefinición de una tesis. Que el director de El hombre de acero haya recuperado las riendas ha desembocado en una película indudablemente más suya, pero también una donde se sigue notando que esta Liga de la Justicia no es la que él quiso hacer desde un principio. Donde se nota aún más, de hecho, porque el toque snyderiano es más acusado. Y eso atenta contra el enfoque consensuado por Warner (y llevado por Whedon a sus últimas consecuencias).

Así que: fuera la escena inicial de Superman hablando con sus admiradores. Fuera el segmento de Flash intentando salvar a la familia de la batalla entre todopoderosos. Fuera esos ciudadanos lamentando haber perdido a su protector. Dentro horas y horas dando cuenta de la omnipotencia de estos protagonistas. Dentro más minutos de batallas entre dioses (no solo por la Liga, sino también por las Amazonas, los atlantes y los flashbacks de la primera venida de Darkseid). En La Liga de la Justicia de Zack Snyder, como pasó en Batman v Superman y El hombre de acero, la humanidad vuelve a no pintar nada. A ser un ente dócil, de fondo. Un individuo sin rostro que suplica misericordia.

Por supuesto, se mantienen las escenas de Wonder Woman y Aquaman salvando a humanos. Y se añaden otras de Cyborg y Flash echando una mano, también. Pero no son escenas codificadas del mismo modo. No hay otros seres todopoderosos involucrados en esos gestos de heroísmo. Solo el justiciero, teniendo un gesto de clemencia con alguien que pertenece a un orden inferior al suyo. Tiene mucha gracia en este sentido lo que ocurre con Cyborg, puesto que el primer acto heroico de Victor Stone consiste en manipular la economía para ayudar a una joven empobrecida.

Una escena que confirma que todos estos superhéroes viven al margen de nuestras reglas. En un plano rotundamente superior. En un plano desde el que mirarían con absoluto desconcierto a alguien como Peter Parker, por ejemplo, que por muy superhéroe que sea es susceptible al desempleo, los desahucios y a penurias económicas de todo pelaje. Estos superhéroes no son superhéroes, en definitiva. Son dioses, y así es como siempre lo ha querido Snyder.

El panteón

De dioses y hombres

En una escena de La Liga de la Justicia de Zack Snyder, los protagonistas se preguntan cómo proceder en su plan para acabar con Steppenwolf. Barry Allen exclama “¡con el poder del amor!” y Cyborg le pide que por favor hable en serio. No es una payasada intrascendente. Es una payasada que insiste en el carácter marcial de estos personajes. En esta Liga de la Justicia que no conoce la ingenuidad.

Corte a Superman, Aquaman y Wonder Woman dándole una paliza enorme a Steppenwolf, que termina con Wonder Woman decapitándole y enviándole la cabeza a Darkseid a modo de souvenir terráqueo.

El modo de concebir los superhéroes de Snyder siempre ha tenido que ver con seres que decidían, desde su torre de marfil y porque tenían unos intereses específicos, ayudarnos. Es ilustrativo de esto que las únicas personas que parezcan lamentar en La Liga de la Justicia la muerte de Superman sean quienes tenían una relación directa con él: Lois, Martha Kent y Bruce Wayne. La humanidad, como colectivo, no existe. Solo existen representantes escogidos, identificados por una voluntad soberana de cambiar el mundo.

Ezra Miller contemplando la inmensidad

Es tentador vincular las incursiones de Snyder en el género superheroico con los postulados filosóficos de Ayn Rand. Ya se ha hecho admirablemente por aquí. También se puede entender bajo ese prisma que su adaptación de Watchmen fuera tan fallida: Snyder es alguien seducido por el poder, por las distintas cuotas de lo sublime a las que puede llevar. Sus imágenes alucinadas, de composición personalísima, nos devuelven una y otra vez a esa seducción. Le seducen los superhéroes, pero no las personas. Diana Prince habla de esa “edad de los héroes” que ha de volver. Pero no de esa “edad del heroísmo”.

Héroes entendidos como individuos con la voluntad de poder, alejados de un sentimiento colectivo de heroísmo que pueda inspirar a la gente. Si Batman v Superman resultaba tan interesante era porque ponía en conflicto estas subjetividades superheroicas: por supuesto que Batman se veía amenazado por Superman. Su escala de poder, esa en la que llevaba tanto tiempo cómodo y aislado del común de los mortales, era desafiada de pronto por un poder superior, el poder definitivo. El de Superman.

Los minutos finales de Batman v Superman eran una llamada al orden que podía servir de respiro a los mortales conmocionados: estos dioses habían decidido no destruirnos con su lucha fratricida. Ahora podían incluso aliarse contra otras fuerzas que desafiaran esta misma escala de poder. Véase Steppenwolf. Pero su construcción no les permitiría hacerlo envueltos en retóricas de bien contra el mal. Solo en retóricas de nosotros contra ellos. Nosotros, dioses, seres privilegiados, contra aquéllos que desafían nuestra hegemonía.

En definitiva, ¿cuál es el problema de esta Liga de la Justicia ? Que sigue promulgando, por imposiciones corporativas que se remontan a cinco años, un heroísmo en el que no cree. Lo decía Lex Luthor: “el poder nunca es inocente”. Esta asociación de superhéroes no es heroica. Puede creer en el trabajo en equipo, pero no en un régimen de igualdad con aquéllos a quienes ha de salvar. No es heroica y nunca lo fue, pero Whedon pudo hacérnoslo creer haciendo unos cuantos retoques. Volviendo la mirada a la humanidad.

A lo mejor Jesse Eisenberg tenía razón después de todo

La Liga de la Justicia de Zack Snyder ha rehuido esta mirada nuevamente para convertirse en una película tan contradictoria como lo era Liga de la Justicia, pero más espectacular. Ha acentuado los conflictos de los que partía, proyectándolos a un inmenso y deshumanizado caos que solo nos permite ver a dioses haciendo cosas de dioses. A dioses que aseguran que les importamos, pero a dioses que no tenemos por qué creer. Que actúan por una satisfacción puramente personal. No hay ni un solo plano de gente anónima, al margen de los personajes principales, en la última de las cuatro horas que dura La Liga de la Justicia de Zack Snyder. Porque no existimos. Porque no importamos.

Entonces cabe preguntarse: Liga de la Justicia, ¿pero justicia para quién? La respuesta es la que dábamos al principio: justicia para Zack Snyder. Pero es una justicia que ya vino adulterada. Una injusticia que impidió, según se estrenó Batman v Superman, la posibilidad de una gran película coherente, convencida de lo que contaba. Una película que fuera verdaderamente de Zack Snyder.

La Liga de la Justicia de Zack Snyder no es esa película, porque esa película no existe. Pero sí es una muy interesante. Una película en la que pensar. 

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