El primer contacto de Luis Enrique con la Selección española no ha podido ser más satisfactorio. La victoria en Wembley frente a Inglaterra, semifinalista del pasado Mundial de Rusia, y el contundente triunfo ante Croacia, finalista, son indiscutiblemente dos grandes resultados para seguir construyendo un equipo que vuelva a confiar en que puede vencer títulos.

Han sido varias las apuestas que han llamado la atención por parte del técnico asturiano, pero evidentemente la más llamativa ha sido la titularidad de Saúl Ñíguez. El jugador del Atlético de Madrid ha sido interior en el 4-3-3 del técnico asturiano, primero compartiendo zona con Thiago, y después con Ceballos, siempre con Busquets como ancla.

El ilicitano ha estado a un nivel altísimo, marcando el empate a uno frente a Inglaterra y abriendo la goleada ante Croacia. Llegando siempre desde línea de medios, ayudando en defensa y mostrando un constante derroche físico que ha dejado en mal lugar a Fernando Hierro, que no le utilizó durante el pasado Mundial de Rusia.

Ha habido otros nombres importantes, como Rodrigo Moreno, que jugó a gran nivel ante Inglaterra –haciendo el 1-2- y también ante Croacia. En el primer encuentro jugó escorado a la derecha y frente al cuadro balcánico fue el delantero centro, siempre dejando grandes sensaciones y marcando también en el segundo partido.

Asensio ha destacado sobre todo ante Croacia, participando en cinco de los seis goles del combinado nacional, y probablemente esos tres nombres marquen un cambio de estilo que quizás España necesitaba desde la cuesta debajo de la última gran etapa de centrocampistas. En esa nota positiva, muy predominante, queda quizás algo opacada por el rendimiento de Isco, que más allá de hacer un gran tanto en el último encuentro, quizás ha tenido menos protagonismo que el que mostró con Lopetegui.