La Selección española ha caído contra todo pronóstico en los octavos de final del Mundial de Rusia 2018 frente a la anfitriona en la tanda de penaltis. Lo cierto es que el conjunto entrenado por Fernando Hierro ha dejado muchas dudas durante todo el campeonato, donde sólo ha sido capaz de ganarle a Irán. Las dudas sobre qué se ha hecho mal se han multiplicado, y evidentemente se han buscado culpables, pero la realidad es que el equipo ha jugado francamente mal.

Que Rusia se encerrase en propio campo durante 120 minutos no debe ser el motivo de la eliminación; a España ya se le han ejecutado planteamientos similares en la última década y siempre ha encontrado fluidez para superarlos. Es inevitable echar la vista atrás y poner como referencia el momento en el que Julen Lopetegui fue destituido, puesto que el actual entrenador del Real Madrid había diseñado una convocatoria y sus posibles variantes bajo un minucioso estudio durante los últimos 24 meses.

España ha tenido un problema grave de juego, como si Hierro no quisiera tocar lo que quería hacer Lopetegui, pero dejando al equipo demasiado rígido como para que el tipo de jugadores con el que cuenta España pudiera lucir. Sólo Isco gozaba de libertad -el mejor jugador español en la cita-, y eso provocó un constante atasco con pelota. Eso llevó a dos efectos diferenciados: en la fase de grupos, que el equipo no estaba bien colocado para defender y le contragolpeaban con una facilidad pasmosa. Frente a Rusia y ya con más miedo por lo ocurrido en los grupos, que todo fuese demasiado espeso como para desbordar a su rival.

Al problema grave de juego hay que sumar que ha habido fallos muy inesperados de concentración desde el punto de vista individual, sobre todo teniendo en cuenta la enorme jerarquía con la que contaba la plantilla de España. En el primer partido, Nacho cometió un penalti nada más empezar, De Gea un error grosero a un disparo sencillo de Cristiano Ronaldo, Ramos e Iniesta le regalaron un tanto a Marruecos en la tercera jornada, mientras que Piqué hizo un penalti absurdo en los octavos frente a Rusia.