Francia se llevó el gato al agua sobre el césped del estadio Luzhniki de Moscú, al derrotar a Croacia en la gran final. El equipo de Didier Deschamps ha representado una máxima que ha mandado en esta Copa del Mundo: la organización colectiva por encima de las individualidades. Un torneo en el que los equipos de carácter más asociativo han fracasado -España, Alemania o Argentina- y los que mejor han dominado el contragolpe y las transiciones verticales han mandado -Francia o Bélgica como grandes ejemplos-. Un Mundial en el que los pequeños han dado un paso adelante, que ha destacado por una gran organización a pesar de que se aventuraron problemas por partes de hinchas violentos antes del comienzo de la cita, y en el que la puesta en escena del VAR, con más luces que sombras -aunque estas han llegado en la final-, ha representado un antes y un después en la historia del fútbol.

Lo mejor

La explosión definitiva de Kylian Mbappé y el gran espíritu colectivo de Francia les llevaron a alzar el título. Varane, Umtiti, Pogba, Kanté o Griezmann han demostrado su categoría, pero siempre sin salirse del plan de Deschamps. El Mundial de Ivan Rakitic y Luka Modric, que les confirma como centrocampistas de la élite más selecta. Eden Hazard y Kevin de Bruyne, que se han quedado a un paso de llevar a Bélgica a una conquista histórica con actuaciones estelares. Diego Godín como mariscal del área en Uruguay, culminando un torneo espectacular, y la sorprendente actuación de Denis Cheryshev, que marcó tres goles para el recuerdo, algo histórico en una Copa del Mundo. Varias actuaciones sobresalientes de los porteros, que han retado las quejas surgidas por un balón que hacía demasiados extraños: Lloris, Subasic, Pickford, Courtois, Akinfeev, o incluso los de equipos modestos como Beiranvand en Irán o Cho Hyun-Woo, de la República de Corea, han rendido a gran nivel.

Lo peor

El 'show' en España con la salida de Julen Lopetegui a dos días del comienzo del torneo, que lastró las opciones del conjunto de Fernando Hierro. Argentina y el torneo de Leo Messi, que dejó muchas dudas en la fase de grupos y fue superado ampliamente por Francia en los cuartos de final. El batacazo histórico de Alemania, que llegaba como gran favorita y acabó siendo eliminada en la primera ronda. Mohamed Salah, que llegaba como la gran esperanza de Egipto y llegó muy lastrado tras su lesión en la final de la Champions. Neymar, porque a pesar de haber rendido a buen nivel contra México en octavos de final, su partido de cuartos frente a Bélgica decepcionó en un momento de gran necesidad, y el arrastre de su lesión le penalizó en la fase de grupos.

Pasaron desapercibidos

James Rodríguez, que era la gran esperanza de Colombia pero no pudo tener continuidad. Llegó tocado, no pudo jugar el primer partido y se perdió los octavos por lesión. Robert Lewandowski, que llegaba al Mundial como clave para que Polonia fuese una de las sorpresas del torneo, y acabó desquiciado por el mal juego de su equipo y sin poder tirar de sus compañeros. Los ultras, ya que se avecinaba un torneo complicado después de los problemas vistos con los hinchas rusos en los últimos años, y no han dado señales de vida, para orgullo de la organización. Milinkovic-Savic, que llegaba como uno de los grandes nombres a la cita después de su gran temporada en la Lazio y de sonar con fuerza para algunos de los mejores clubes de Europa, pero ha pasado con más pena que gloria por Rusia 2018.