El rendimiento de la selección sueca tiene que ser absolutamente espectacular para ser considerado una sorpresa. Es el precio a pagar después de haber dejado en la cuneta a Italia, un equipo que más allá de vivir una galopante crisis en cuanto a la generación de talento, tiene una jerarquía y un peso histórico que le situaban claramente como favorita para eliminar al conjunto por entonces entrenado por Giampero Ventura en la repesca.

Lo que ha conseguido Jan Andersson es muy claro: orden y compromiso. Esta selección sueca se hizo realmente pegajosa ocultando algunas carencias que pueden mostrar sus centrales en la defensa del campo abierto, sobre todo en el caso de Granqvist, lento para correr contra delanteros rápidos. Lo que ha ideado su técnico son dos líneas de cuatro muy bien organizadas, con dos delanteros muy corpulentos, peleones, y que permiten ganar el juego directo.

Tal es la seguridad de Andersson en el bloque, que tomó la decisión de dejar fuera de la lista a Zlatan Ibrahimovic, a pesar de que éste se ofreciera para entrar en la relación definitiva, a pesar de haberse retirado anteriormente del fútbol internacional. El técnico confía plenamente en el plan de juego, en el que sólo un futbolista tiene cierta libertad para actuar un poco más al margen del sólido dibujo que ha llevado a los escandinavos hasta Rusia.

La estrella: Forsberg

Ese futbolista que goza de mayor libertad es Emil Forsberg, que ha sido el jugador más desequilibrante de la selección sueca durante toda la fase clasificatoria. Hay que matizar, eso sí, que su temporada en el RB Leipzig ha estado muy por debajo de la mostrada hace dos temporadas, y de hecho pueden existir ciertas dudas con respecto a su prestación en Rusia precisamente por ese bajón en su estado de forma en la segunda mitad del presente curso. No obstante, se trata del futbolista que puede cambiar el escenario a favor de los suecos en cualquier momento, y la principal amenaza para sus rivales.