La estadounidense Andrea Fraser, una mujer transgresora considerada una de las artistas más influyentes de su generación, inauguró este jueves en el MACBA la exposición L'1%, c'est moi, primera exhibición de sus obras que se presenta en España, donde a través de sus trabajos se pregunta: ¿Qué le pedimos al arte?

Los comisarios Cuauhtémoc Medina y Hiuwai Chu han seleccionado para una de las exposiciones más destacadas de la temporada del centro barcelonés una treintena de obras clave de su trayectoria, que incluyen instalaciones, performances, documentación variada y vídeos, entre ellos Untitled, donde se la ve manteniendo una relación sexual con un coleccionista en lo que quiere ser "una metáfora del arte como prostitución".

Desde que empezara en Nueva York a finales de la década de los ochenta, Fraser ha examinado las motivaciones que mueven a los numerosos agentes que hay en este ámbito, desde los propios artistas, a los coleccionistas, galeristas, patrones o directores de museos, poniendo de manifiesto los conflictos internos existentes.

Nacida en Montana en 1965, su nombre está asociado a la crítica institucional, lo que queda claro a lo largo de la muestra, coproducida con el Museo Universitario Arte Contemporáneo de la Ciudad de México, donde se presentará a partir de 2016.

En un recorrido con periodistas, la propia artista ha explicado sus motivaciones a la hora de enfrentarse a sus propuestas, influenciadas por el psicoanálisis y por las teorías del sociólogo Pierre Bourdieu, aunque también ha bebido de Lacan y Brecht.

Sin seguir un orden cronológico, la exposición se ha organizado en seis apartados diferentes: Museos, Globalización, Es una exposición bonita, ¿verdad?Fantasías descartadas, Lo personal y lo político y Coleccionado y archivado.

La relación sexual

Aunque al principio, entre otras, llaman la atención las imágenes que grabó en la Capilla Sixtina haciendo una visita guiada o los carteles que modificó a finales de los años ochenta de algunos museos, es en la intersección de las salas Fantasías descartadas y Lo personal y lo político donde el espectador puede ver a lo largo de sesenta minutos el íntimo encuentro que tuvo con un coleccionista en un hotel de Nueva York.

Fraser, que no cree en la ficción, ha señalado, fuera de la sala, que el proyecto se inició "como una metáfora del arte como prostitución", sin obviar la relación que se establece entre "los valores financieros y el sentimiento".

Salvo por la eliminación del sonido, la grabación que se ofrece es íntegra de lo que allí ocurrió, sin cortes

Para poder llevar a cabo lo que ha calificado de "obra compleja" pidió al marchante Friedrich Petzel que le buscara a un coleccionista que quisiera acostarse con ella y que luego le comprara la primera copia, si bien ha desmentido que tuviera un precio de 20.000 dólares, como se publicó en su país.

La artista ha reconocido que funcionó como una "pornógrafa" y ha subrayado que en aquel momento, en el año 2003, lo que menos le preocupó fue ser "explotada" por el coleccionista, porque ella también, en cierta manera, "lo estaba explotando a él".

Salvo por la eliminación del sonido, la grabación que se ofrece es íntegra de lo que allí ocurrió, sin cortes.

Por otra parte, ha subrayado que todas sus obras son fruto de amplias investigaciones y tanto puede incidir en la crítica de la proliferación de bienales y ferias de arte como en subrayar que los museos "instruyen" a la vez que "seducen" para que se refrenden los valores que institucionalizan.

Con motivo de la exposición, se ha publicado por primera vez en castellano el libro De la crítica institucional a la institución de la crítica, una compilación de textos suyos.