Siete viejos amigos se reúnen para cenar. Con el objetivo de hacer la velada más interesante, deciden jugar a un juego: todos pondrán sus teléfonos móviles sobre la mesa y cualquier llamada, mensaje o notificación que reciban será compartida con todos los demás. ¿Qué podría suceder si todos afirman no tener secretos?

En torno a esta seductora premisa se construye Perfectos desconocidos, la nueva película de Álex de la Iglesia, remake de un exitoso filme italiano de 2016 al que el cineasta vasco ha logrado dar su toque personal. De la Iglesia, que este año ya había estrenado otro filme, El bar, ha relatado a 20minutos detalles sobre este proyecto y sobre su buen momento profesional.

¿Cómo llega este guion a sus manos?
Es una película de encargo, me la propuso Paolo Vasile directamente. Leí el guion y me pareció fascinante, y le dije "déjame que la adapte a España, que cambie unas cuantas cosas y que la encaje un poco en mi cabeza", porque leyendo un guion te surgen mil ideas y me tocaban muy de cerca muchísimas implicaciones de la peli, muchísimos diálogos.

¿Ha cambiado cosas?
Sí, por gusto, por decir "qué bueno es esto, déjame que le saque un poco más de jugo", por lo menos desde mi punto de vista. Y luego también he cambiado alguna cosa del final. Es diferente. Cuando yo leí el guion no tenía muy claro cómo lo iban a adaptar, no me parecía que funcionase. A mí me gustaba más desarrollar la idea de lo sobrenatural y que fuera un poquito más Capra.

¿Cree que estamos tan enganchados al móvil como parece en la película?
Más, yo creo que sí, sin duda. Yo lo veo en mis hijas por ejemplo. Mi hija come con el móvil en la mano. Y a mí me pasa, o sea que tampoco puedo dar lecciones porque estoy todo el día enganchado, pero por trabajo y por necesidad, porque tengo que estar informado, porque tengo que estar hablando con un montón de gente. Como dice Pepón en un diálogo mío de la película: "Estoy harto de llevar una relación directa con 500 personas que me están mirando a ver si estoy en línea o no". Es angustioso.

El móvil es un arma muy peligrosa que hay que saber manejar¿No hay solución?
Es que, o lo quitas, y entonces no sabes si están los demás en línea, o te lo dejas y entonces la gente sabe si estás conectado las 5 de la mañana o no. Hay una necesidad de tener una presencia constante en Instagram o en Twitter. Que también te divierte, pero por otro lado genera necesidad.

¿Tan dramático le parece?
No. Yo creo que el paso es positivísimo. El móvil ha transformado la sociedad de arriba abajo, nuestra vida ya no es la misma, y es un paso para bien. Pero es como un juguete, como una pistola de rayos cósmicos: sin duda va a mejorarlo todo mucho pero ten cuidadín que te puedes cargar a la abuela. Es un arma muy peligrosa que hay que saber manejar.

¿Se ha llevado algún disgusto por el mal uso del móvil?
Sí, cientos, muchos. Me ha pasado de todo. Equivocarme de grupo, poner una cosa en un grupo cuando es de otro, o mandarle una captura de pantalla a la misma persona a la que habías capturado la pantalla y poner "mira lo que dice este". Sal de esa, sal de esa.

¿Jugaría al juego de la película?
Es que no creo que haya que jugar al juego de la película. Los personajes sufren un montón, ¿para qué?, ¿por qué queremos perder la intimidad? Tengamos nuestros secretitos, nuestras cosas que te hacen único. Si lo compartes todo, joder, eres como parte del mobiliario. Es importante no ser un mueble que todo el mundo abre y ve lo que tiene. Si jugase, habría mil cosas que no sabrías explicar o que no serían creíbles. Yo no quiero vivir explicándolo todo, sería angustioso.

El planteamiento de la película es muy teatral. La elección de actores habrá sido muy importante, ¿no?
Sí, sí, esencial. Ahí tengo que reconocer que ha sido un capricho de película, porque Telecinco me ha permitido coger a los que yo quería sin límites. Quiero a Belén, quiero a Eduard Fernández, quiero a Noriega... como si fuera un regalo de reyes. Quiero el Scalextric, el Ibertren, quiero todo.

Yo no quiero vivir explicándolo todo, sería angustioso

¿Es un director muy prolífico?, ¿cómo se las apaña?
Todos seríamos prolíficos si tuviéramos la suerte que he tenido yo de tener la oportunidad de hacerlo. Pero yo creo que no va a ocurrir muchas veces. Esto es un negocio muy inestable, de pronto puedes estar trabajando tres películas seguidas y luego estar cinco años sin hacer nada. Es lo complicado que tiene, no somos funcionarios. Si nuestro trabajo va bien, haces otra, si no, no.

Entonces, ¿no piensa en vacaciones?
Llevo cuatro años sin vacaciones. Es que a mí me gusta hacer lo que hago. Disfruto mucho haciendo cine. Como yo me agobio de verdad es dándome crema Nivea y tumbándome en la playa y viendo cómo mi libro se me está llenando de arena y... pfff, me piro, me voy a casa y lo leo tranquilo. ¿Qué diablos hago yo aquí en esta playa de Fuengirola?

¿Y saca tiempo libre?
He conseguido que mi vida sea rodar y soy muy feliz con eso. Mi mujer trabaja conmigo y produce las películas. Estamos todo el rato trabajando, haciendo cine y pensando películas y leyendo películas de otros para producirlas. Joder, es fantástico. Tampoco quería presionarla pero, el otro día, una de mis hijas me enseñó un vídeo que había hecho para el colegio, del Cantar de Mío Cid, y le dije, joer, qué bien está hecho, vamos a hablar de esto, hay una cosa que se llama plano contraplano, ¿sabes? "Papá no te enrolles". Me lo paso bien con eso.

¿Sus hijas han visto sus películas?, ¿tienen edad para ello?
Primero, no les interesan mucho, cosa que entiendo. Y claro, joder, quieren ver Justice League... Yo también. Tampoco quiero presionarlas con la historia, quiero que disfruten y ya está, cuando les apetezca a ellas que las vean. Un día les puse una de Buster Keaton que me vuelve loco, El maquinista de la general, y "papá, ¿por qué es en blanco y negro?", "¿por qué no hablan?", "¿y no podemos hacer otra cosa, papá, en vez de esto?". Sí, sí, venga, cortad y poned High School Musical... ya en otro momento quizá.

Yo me agobio dándome crema, tumbándome en la playa y viendo cómo mi libro se me está llenando de arena

¿Le gustaría que se acabasen dedicando al cine?
No, me gustaría que no, me gustaría que fueran felices. Quiero decir, es muy duro esto. Muchísima gente palma por el camino, muchísima gente no hace lo que quiere, muchísima gente hace una película y no vuelve a dirigir... Yo reconozco que soy un privilegiado. Joder, he sobrevivido. Tengo 50 años y me sigo dedicando a esto desde los 18. Para mí eso es el éxito. Pero también tienes que hacer muchas concesiones, muchos esfuerzos... Yo que sé, que se dediquen a algo normal.

Mucho movimiento ha habido en la Academia de Cine desde que usted la dejó...
Sí, sin duda se han divertido, no se han dejado de entretener. Yo sigo miembro de la Academia de Cine, entonces la tengo muy presente. Todos los que hacemos cine tenemos la Academia de Cine muy presente, y sigo queriéndoles mucho y me lo paso muy bien con ellos.

¿Qué recuerda de aquella época?
Que me lo pasé genial, fueron los dos años en los que mejor me lo he pasado. Estaba haciendo Balada triste de trompeta y al mismo tiempo estaba trabajando en la Academia, que es un puesto no remunerado, igual le metes diez horas al día por altruismo y dedicación. Conocí mucha gente, vi las cosas desde otro punto de vista. Te reúnes con los distribuidores y tienes que entenderlos, tienes que hablar con los exhibidores y lo mismo, tienes que hablar con políticos y convencerlos de que mejoren las condiciones de trabajo. En fin, haces incluso una labor sindical. Pero bueno, hay un momento en el que, como yo veo las cosas, no es como las ve el conjunto de los académicos... aunque después el tiempo me dé la razón, jejeje. Digamos que hay que llevarlo con elegancia.

Era el tiempo de la ley Sinde. Ya casi no se habla de ese tema, ¿por qué cree que es?
Por los medios de comunicación, ahora no lo encuentran interesante. Sigue ocurriendo lo mismo, sigue habiendo una lucha, sigue habiendo el mismo interés, sigue habiendo un conflicto respecto a la oferta legal e ilegal, lo que pasa es que ahora está ocurriendo lo que yo decía: la oferta legal es un hecho, las nuevas plataformas digitales han entrado, los productores están más preocupados por Netflix que por ninguna otra cosa en el mundo...

El negocio digital ya es una realidad.
Exacto. Ha ocurrido eso que ya sabíamos que iba a ocurrir, que internet efectivamente es algo absolutamente esencial para el mundo audiovisual, si no es su nicho auténtico, que es otra cosa que se está comprobando. Ahora, en este momento que la gente puede ver cine en su casa, lo está viendo, y nuestra obligación como cineastas es ir a donde esté el público, porque creo que seguimos trabajando para el público, supongo, y en ese sentido tenemos que ser sinceros con lo que ocurre. Es como intentar discutir la lluvia: "no, la lluvia no debería existir". Sabíamos que esto iba a ocurrir. No reaccionamos a tiempo. Lamentable. Ahora mandan otros.

Ahora, en este momento que la gente puede ver cine en su casa, lo está viendo

Las plataformas de vídeo están transformando el mercado.
Todas las productoras de este país ahora están pendientes de hablar con Netflix, con Amazon... Y eso es fantástico, porque enriquece el mercado. Hay nuevos protagonistas en la partida, no solamente están las televisiones sino que hay más gente que hace cine y que financia el cine. En ese sentido es bueno para todos porque se mejora el producto. Ahora hay más contenidos, las series se hacen mejor, la gente aprende a hacer cine, se profesionaliza el cine.

Además de dirigir, cada vez produce más.
Sí, sí, lo que me interesa es que el producto sea arriesgado, que sea nuevo, que sea diferente. No podemos hacer Justice League, así que lo que tenemos que generar es un producto diferente y que se venda en todo el mundo por su diferencia, por su diversidad, por su fuerza, porque cuente las cosas de otra manera. Eso es lo que me interesa cuando leo un guion. Busco gente que no tenga miedo a estar loco, a que se metan con ellos. Necesito gente como Eduardo Casanova, como Zoe Berriatúa... Quiero gente que esté tan loca o más que yo.

¿Cree que al fin se han perdido los prejuicios hacia el cine español?
Yo creo que en este momento se está haciendo un cine de una estupenda salud en este país, porque es muy diverso, es heterogéneo, no vamos ninguno por el mismo palo. Hay cine de género, hay comedia, hay de todo. No somos muy clasificables, y eso es algo bueno, bueno para el público. Y sobre todo yo creo que el público se cansa de que le digan esto no lo veas, esto no gusta, esto no funciona, esta gente no merece la pena... Es mentira. Yo creo que el público es inteligente, creo que el público sabe lo que quiere y va donde encuentra cosas que le interesan.

Volviendo a su cine para cerrar el círculo, ¿qué quiere transmitir cuando decide hacer una película?
Hacer cine es una profesión, hacer cine es un trabajo. Yo intento entretener, eso es lo primero. Mi labor, mi obligación es entretener, hacer cosas que interesen. ¿Qué es lo que interesa? Esa es una gran pregunta. Hay algunos que lo tienen muy claro y que lo saben exactamente. Curiosamente, lo que más les interesa a ellos coincide con lo que más interesa a la gente. Eso es muy raro que pase. Hay algunos que tienen esa habilidad, por ejemplo Spielberg y otros directores de gran éxito. Lo que quieren ellos lo quiere todo el mundo.

Hay otros que confunden y que creen que la mejor manera de triunfar es intentar gustar a todo el mundo. Pero, ¿qué es lo que quiere todo el mundo?, ¿eso lo sabe alguien? A mí me parece muy complicado. Entonces, hay que tener ese tacto, intentar jugar la partida como si fuera una fiesta en la que tienes que poner música que te guste a ti pero que también les guste a los demás. En ese diálogo entre querer tener público y querer satisfacer tus propias manías y tus propias obsesiones está el talento, eso es ser director.