La isla de la eterna primavera, descubrimos el destino en el cual evadirse del frío invernal de la península ibérica durante unos días. En un solo día los madeirenses pasan por todos los cambios climatológicos posibles. Sol, viento, lluvia, niebla y después, más sol. Así es Madeira.

Del norte al sur la isla se transforma por completo con un microclima que favorece el cultivo de todo tipo de especies tropicales. La isla portuguesa bañada por el océano Atlántico cuenta con playas paradisiacas en las que desconectar del resto del mundo. En uno de sus pueblecitos más antiguos, Porto Moniz, se encuentran unas de las piscinas naturales más bellas abiertas durante todo el año. Su patrimonio natural de mar y montaña lo convierte en uno de los destinos favoritos.

Del norte al sur la isla se transforma por completo con un microclima que favorece el cultivo de todo tipo de especies tropicales. Con una bajada de 300 metros a través de un teleférico o por barco, se encuentra La Fajã do Padres, donde el cultivo de bananas, aguacates, mangos y otras frutas tropicales solo son la bienvenida al paraíso. Un complejo turístico que cuenta con un restaurante en el que degustar todos los manjares cultivados como su pez espada con banana y que dispone de varias casitas con vistas idílicas al mar.

De origen volcánico, su macizo montañoso nos invita a realizar todo tipo de actividades en contacto con la naturaleza. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, el Bosque de Laurisilva es uno de los espacios más valiosos de la isla. Como su propio nombre indica, este bosque de laurel de más de 15 millones de años esconde una gran variedad de especies que con la presencia del agua fresca lo hace único. Sus famosas levadas permiten a los amantes del senderismo respirar el aire más puro mientras disfrutan del paisaje.

Llegamos al punto más al este de Madeira en la Punta de San Lorenzo donde una vez más el mar y la montaña regalan unas vistas de ensueño. Una reserva natural en la cual perderse por su sendero de unos ocho kilómetros para después repostar fuerzas en el restaurante Quinta do Furão.

Pero la auténtica experiencia madeirense se experimenta con sus carros de cestos. Se trata de antiguos cestos de mimbre y madera que se utilizaban para transportar mercancías cuando los vehículos eléctricos aún no habían llegado a la isla. En pleno siglo XXI la atracción conserva su esencia y transporta en tandas de dos personas por cesto durante dos kilómetros de carretera cuesta abajo. Muy divertido.

Rica gastronomía

La isla de Madeira está llena de vida. Además de la amplitud de actividades que nos ofrece, uno de los aspectos que más incita a regresar es su gastronomía. Su mercado, con puestos repletos de frutas y hortalizas en los que poder llevarte a casa frutas exóticas. Un archipiélago que vive del turismo y que cuenta con verdaderos manjares. En su capital, Funchal, la hora del té se disfruta en el señorial Belmond Reid's Palace. Unas interesantes variedades de té acompañadas de deliciosos bocaditos, mermeladas, mantequillas y pasteles para degustar frente a unas  vistas panorámicas que, cuando el sol comienza a esconderse, las hace más especiales aún. 

La poncha

Llega la noche en Madeira y "nos vamos a la poncha". Las calles se llenan de turistas y madeirenses dispuestos a pasarlo bien. La poncha, donde su secreto reside en el aguardiente de caña de azúcar propio de la isla, es una de sus bebidas más populares, sin desmerecer la calidad de sus vinos como los que elaboran con mimo y esmero en las Bodegas Blandy's. Aunque la auténtica poncha se mezcla con zumo de lima y azúcar, en la actualidad se beben de muchos sabores como maracuyá, kiwi o naranja. La suelen acompañar de cacahuetes o altramuces para picar.

Las espetadas de carne es otro de los platos fuertes de la isla. En el restaurante Adega da Quinta son expertos en servirlas sabrosas y al punto para degustar con un buen tinto y con un irresistible bolo do caco para abrir boca. Este sencillo pan portugués a base de mantequilla, ajo y perejil fresco es la opción perfecta a cualquier hora del día. Te lo sirven siempre calentito para que la adicción sea mayor. Las queijadas de queso también son un auténtico vicio.

Para sentirnos como en nuestra propia casa, Pestana CR7 es una opción lifestyle muy recomendada para descansar y relajarse en vacaciones. El conocido hotel de Cristiano Ronaldo se encuentra en Funchal a los pies de la isla, donde cada detalle guarda un significado.