La resaca del primer fin de semana de diciembre con restricciones especiales de movilidad en el centro de Madrid se refleja en la calle con caras de resignación, cierto agobio por lo que viene y una palabra muy repetida: "Jaleo". Así lo explican a 20minutos una decena de peatones, comerciantes y trabajadores en pleno arranque laboral del lunes, a escasos cinco grados de temperatura, y a pocas horas de uno de los grandes puentes del año. No cuestionan el fin, pero sí los medios.

"El viernes fue mortal", dice Omar (40) mientras saca cajas de un camión en Preciados para introducirlas en una tienda bajo la atenta mirada de un supervisor. Su colectivo es uno de los más afectados por las decisiones del Ayuntamiento, relata. "Tenemos que llegar antes de las 11 de la mañana", dice, y eso no siempre es posible, porque las limitaciones de tráfico y las medidas de seguridad excepcionales retrasan la actividad de la carga y descarga. No es solo una cuestión de horarios: los vehículos de más de 3.500 kilos están vetados en la Gran Vía hasta el 7 de enero, de 11 a 23 h.

"Los pesan", añade Rafael (43) (abajo, en la imagen), que bucea entre pedidos de botellas de refrescos en la plaza de Callao, "dicen que  dañan en suelo", añade con suspicacia; a él le han puesto ya dos multas, "en Montera". Hoy no llega. "Tengo medio camión sin entregar", se lamenta. "Los clientes no reciben la mercancía, y qué pasa, ¿que tienen que cerrar? ¿quién pagará los impuestos?". Estos días suponen, en su opinión, "un gran problema", aunque reconoce el beneficio general del coto al tráfico privado. "Yo trabajé en el centro unos años, y venía en transporte público", aclara, "es más cómodo".

El consistorio quiere convertir esto en norma. Por eso ha vuelto a reservar los carriles en los extremos de la Gran Vía para los peatones, un cambio que ya se puede dar por permanente y que quedará consolidado con las obras que en 2018 transformarán la calle en una zona de cero emisiones. Alberto (62) es uno de los pocos viandantes (abajo, en la imagen) que se anima a utilizar este espacio ganado de 5.400 metros cuadrados. "Vivo cerca del Rastro y no tengo coche, me parecen genial los cortes en estas fiestas y que la gente use el transporte público", comenta. Es uno de los más optimistas.



Este año, además, las barreras para separar a peatones de vehículos (hay 700) son de hormigón. "Tendrían que poner más", apunta, "y tenían que haberlo hecho antes". Cree que los turistas sí agradecerán la iniciativa del equipo de Manuela Carmena, pero no opina lo mismo de los comerciantes, "lo siento por ellos", musita. Piensa, sobre todo, en otra de las novedades de la temporada, la que ha causado más expectación y estupefacción: el sentido único obligado (de entrada y salida) para personas en las comerciales Preciados y Carmen, un experimento que no se ha aplicado de forma demasiado estricta.

Hay dudas. "Van como borregos, no miran a su alrededor", afirma la dependienta de una zapatería de la calle del Carmen, que prefiere no dar su nombre; su compañera le da la razón. A eso hay que añadirle, explica, que con las limitaciones a vehículos de no residentes "ya no se puede hacer eso de que uno de los padres vaya con los hijos y el otro espere en el coche con los paquetes". "Un cliente me dijo que le parecía más cómodo", apunta, por su parte, la dueña de una tienda de ropa cercana, que da la clave: "Para pasear está bien; para comprar, no". Piden flexibilidad contra la aglomeración.

Elena (65), jubilada (abajo, en la imagen), entra y sale del carril para peatones de Gran Vía, pero rechaza de plano las medidas. "No me gustan nada, si nos siguen prohibiendo andar por la calle... Hay otras maneras de hacer las cosas", explica, "como que haya más coches eléctricos, que la gasolina sea mejor, etc.". Cree que los ciudadanos "evitan" estos días acercarse al centro para no encontrarse con vías colapsadas, de ahí que este pasado fin de semana, señala, no fuera para tanto. "Yo peleé contra Gallardón, pero al final hizo cosas buenas. Si hubiera accesos mejores, a lo mejor...", reflexiona.

A juicio de Daniel (29), los accesos a la zona también son un escollo —"Podrían gestionarse mejor"—, pero también la información. Este responsable de una tienda de maletas del Carmen (abajo, en la imagen) opina que falta señalización sobre el terreno para aquellas personas que conocen la teoría, pero que en la práctica quieren saber por dónde girar con el coche. Al fin y al cabo, apunta, la Gran Vía "es una arteria". Su balance global es de suficiente: "Es todo un quiero y no puedo". Propone, como añadido, "más zonas verdes" para un Madrid menos "artificial" y dice sentirse "más seguro" con el despliegue policial.

Lanza al aire una idea. "En el Carmen y Preciados se podrían poner macetas y asientos" en la mitad. Con eso como guía, argumenta, los dos sentidos para peatones saldrían "solos". En la paralela Preciados, Michelle (28) cuenta desde su tienda historias de peatones dando vueltas y buscando caminos alternativos. A dos minutos, recuerda, está Cortylandia, el tradicional espectáculo de música y animación de Maestro Victoria, que todos los años contribuye a la afluencia masiva de público. La policía municipal se encarga este año de controlar el aforo, aunque no es fácil. "Jaleo".



Mientras el vicepresidente y portavoz de la Asociación de Empresarios de Gran Vía, Miguel Ángel Santa, sostiene que una de las secuelas de este fin de semana ha sido "la cancelación de reservas de comidas y cenas de navidad", el Ayuntamiento cree que el dispositivo "ha funcionado con normalidad y mejor que en años anteriores". Su prioridad, en todo caso, es la seguridad. La alcaldesa ha anunciado este lunes que se reducirá el aforo de la puerta del Sol durante la Nochevieja y las preuvas y que han cambiado "la orientación de los puestos navideños en la Plaza Mayor" por si hay que evacuar.