Un vecino fue el encargado de dar la voz de alarma cuando, por casualidad, descubrió que su vecina, una mujer de 78 años, yacía sin vida en el interior de su vivienda, con la que comparte un deslunado que el hombre se disponía a limpiar, según ha publicado el diario Levante-El Mercantil Valenciano.

El cuerpo de María Amparo Plaza estaba, al parecer, en avanzado estado de momificación, pero por un proceso natural. El cuerpo no se había descompuesto ni entrado en proceso de putrefacción. Y eso a pesar de que nadie había visto a la mujer desde hace cuatro años.

Esta vecina del barrio valenciano del Cabanyal, uno de los más populares de la capital del Turia, murió en completa soledad y nadie pareció echarla de menos. Ni amigos ni familia ni si quiera familia. La momificación ha evitado el mal olor por la putrefacción del cuerpo que podría haber puesto a los vecinos sobre la pista. Simplemente, no había actividad en su casa de dos plantas.

Ha sido por ese espacio común, una pequeña cristalera, donde el vecino ha podido vislumbrar los pies de Amparo en una posición extraña, lo que le ha llevado a pensar que la anciana había sufrido un ataque o una caída, y ha llamado a los bomberos. A su juicio, por lo que ha visto, la mujer estaba muerto, contó a la prensa local.

Según las primeras pesquisas de los agentes, el cuerpo no tenía signos de violencia y todo apunta a que la muerte fue por causas naturales. De hecho el cuerpo estaba en la cocina, en una silla.

Según el mismo medio, Amparo no era la propietaria de la casa, que pertenece a un fondo buitre, y al no haber constancia de su defunción, seguía recibiendo en su cuenta de ahorros tanto la pensión como el correspondiente pago de los gastos y la renta de la vivienda que la ha visto morir.