La pobreza se está cronificando como consecuencia de la precariedad laboral, que impide a muchas personas salir de la situación de necesidad económica pese a tener un empleo. Cáritas València ha confirmado en su Memoria de 2017, presentada este miércoles, un fenómeno que ya venía sucediendo en los últimos años, pero que está incrementándose. "La precariedad se está extendiendo como un modo de vida, se está normalizando", advierte la secretaria general de la entidad, Fani Raga.

La entidad benéfica atendió el año pasado a 53.175 personas, un 11% menos que en 2016, a las que ofreció 121.363 ayudas. Esta bajada paulatina es una constante en los últimos años, pero detrás de ella se esconde una cronificación de las situaciones de pobreza que hace a sus víctimas "quedar atrapadas en realidades de exclusión de las que cada vez es más complicado salir", por lo que las mismas familias son atendidas año tras año. De hecho, el 77% de los atendidos son personas conocidas por la entidad, que siguen padenciendo problemas de acceso al empleo, a la vivienda y a la salud.

El perfil mayoritario de las personas beneficiarias es el de parejas jóvenes y mujeres solas con hijos, así como migrantes en situación administrativa irregular, que han repuntado levemente. Las mujeres son el 72% del total, y el 52% de las personas atendidas son españolas.

El director de Cáritas en València, Ignacio Grande, ha insistido en la extensión del "trabajador pobre", aquel que, pese a tener un empleo, no logra salir de la exclusión social. En esta dinámica, ha afirmado, influye que nueve de cada diez contratos firmados en la Comunitat Valenciana sean temporales.

La entidad dedicó el 31% de sus recursos para ayudas de atención primaria, cifradas en 2,98 millones de euros, a necesidades básicas (alimentación, ropa...), el 27% a proyectos promocionales, el 16% al alquiler, el 12% a suministros y el 6% al ámbito educativo. En total, los recursos invertidos ascendieron a 4,74 millones de euros, la mayor parte procedentes de donativos y herencias, y en menor medida, de campañas específicas, subvenciones públicas e inyecciones de la Conferencia Episcopal.

En cuanto a los recursos humanos, Cáritas cuenta con 6.122 personas, de las que 6.016 (el 98%) son voluntarias. La entidad logró 1.900 inserciones laborales tras participar 3.883 personas y recogió 2.876 toneladas de ropa usada durante 2017 en 422 contenedores de reciclaje.

El obispo auxiliar de València, Arturo Ros, ha destacado que Cáritas "es motor del cambio en muchas facetas de la vida", entre las que ha citado la atención a la integración, Proyecto Hombre, la lucha contra la trata de personas, la actividad en centros de menores o en centros penitenciarios.

Desigualdad enquistada

Según constatan desde la organización, la desigualdad "se está enquistando en nuestra sociedad" porque la recuperación económica "no está llegando a todas las familias" y la precariedad laboral avanza: "El mercado laboral no asegura unas condiciones de vida dignas". Por ello proponen incidir en este ámbito, dotar con presupuestos y personal la nueva Renta Valenciana de Inclusión, acelerar el cambio social y reformar el modelo socioeconómico para "poner a la persona y los derechos en el centro".