"Hemos traspasado todas las barreras que el sentido común ecológico nos impone". Es una de las conclusiones del informe Hacia un nuevo modelo del sector inmobiliario, sostenible y competitivo, elaborado por la consultora PWC, que ya en 2012 avisaba de que "la forma de construir no puede ser una excepción" en la necesidad "imprescindible" de inventar nuevas formas de producción más eficientes y respetuosas con el medio ambiente.

Bruselas acaba de aprobar la nueva normativa 2018/844, que obliga a partir de 2021 a que todas las edificaciones de obra nueva o rehabilitadas sean energéticamente eficientes y dispongan de energía renovable generada en el propio edificio. "Los resultados de esta nueva directiva los empezaremos a ver plasmados en la legislación y las políticas españolas a partir de 2019 y 2020", asegura la gerente del Green Building Council de España (GBCE), Dolores Huerta.

La normativa de 2018 resume y actualiza las anteriores de 2010 —que obligaba a emitir el certificado de eficiencia energética y definía el consumo nulo, y cuya última consecuencia ha sido la reciente modificación del código técnico de edificación— y de 2010, que se fija en que las viviendas existentes y su rehabilitación sean energéticamente eficientes.

Ahora bien, "en la sociedad hay voluntad por la sostenibilidad, la salud y la ecología, y la vivienda no es ajena a esa demanda. Hay gente que quiere ir más allá de esta normativa", sostiene Huerta. Para ello, existen diferentes certificaciones como Passivhaus, "que es el estándar alemán que define los edificios más eficientes energéticamente en arquitectura", según define el arquitecto experto en sostenibilidad Iñaki Alonso, y las tres categorías llamadas Leed, Breeam y Verde, "que atienden además de al consumo energético a que los materiales de construcción no afecten a la salud, a que sean de bajas emisiones de CO2 o que la calidad del ruido y la luz natural sean óptimas", describe Huerta.

¿Cuántos edificios limpios hay en España?

En 2017, Breeam certificó la sostenibilidad de 352 edificios y hay más de 140 en proceso. En total existen actualmente 419 edificios con esta certificación, de los cuales el 50% son de obra nueva y el 60% se concentran entre Madrid y Barcelona. Sobre el uso de los edificios, el 33% son oficinas, el 26% son superficies comeriales, el 23% residencias y el 10% industria. Destaca el incremento en el sector de las vivienda, donde se ha pasado de 40 a 8.000 en tres años en 114 promociones. "Cada año se ha duplicado el número de certificaciones", anotan desde la organización.

A estas cifras hay que sumar los 82 edificios certificados como Verdes (27 son viviendas) y los 560 con el distintivo Leed, así como los 86 que cumplen con el estándar Passivhaus más los 69 con compromiso de certificación previstos para 2018, según los datos de la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP).

El director comercial de Tinsa, Pedro Soria, se muestra convencido de que la edificación sostenible "es el camino", si bien reconoce que el ritmo de crecimiento es lento. El reto consiste, en su opinión, en "integrar los costes de la construcción sostenible sin elevar el precio final de la vivienda". En este sentido, los analistas de PwC calculan que construir con los estándares más altos de certificación incrementaría los costes totales de la construcción entre un 5 y un 7,5%. Sin embargo, recalcan que "uno de los factores clave que hay que poner en valor es la relación directa entre la construcción sostenible y la reducción de los costes de mantenimineto y operación de un edificio".

Iñaki Alonso, el CEO del estudio de arquitectura Satt, que está construyendo el primera promoción de cohousing ecosocial y sostenible de Madrid, estima que teniendo en cuenta que en los últimos diez años  la electricidad ha subido un 8% cada año, "el coste de mantener un edificio convencional durante los próximos 30 años sería un 30% más caro que en uno sostenible". Otro ejemplo que pone el experto: "Si durante los 30 años que están pagando la hipoteca pagas 20€ de luz al mes en lugar de 70€, estos 50€ multiplicados por 12 meses y por 30 años suponen una gran diferencia".

La clave consiste en entender que la inversión en sostenibilidad tiene un retorno a largo plazo, que viene a ser el marco temporal del disfrute de una vivienda y ciclo de vida de un edificio. "En el mercado automovilístico sí hemos tomado ya  consciencia del consumo de cada modelo, pero en el mercado de la vivienda todavía no", indica Alonso.

¿Qué hacer en casa para ser más sostenibles?

Simplemente cambiando ciertos hábitos podemos reducir considerablemente el consumo energético y con ello aliviar la presión en nuestras carteras y cuidar el medio ambiente. "Los edificios no contaminan sino sus habitantes", puntualiza Dolores Huerta. Hay gestos que son gratis con los que ahorras mucho. La gerente del GBCE los enumera: apagar la luz cuando no estás, no dejar los aparatos en stand by, hacer un uso racional de los electrodomésticos y la climatización, bajar las persianas y los toldos (si se tienen) en las horas de sol en verano y subirlas en invierno, ventilar la casa por la noche durante el verano y solo lo necesario en invierno o programar la caldera, entre otros.

Si nuestra casa es antigua, Huerta recomienda informarse para ir preparándola para las reformas. Un buen aislamiento del hogar y del edificio si se vive en comunidad son medidas más costosas pero con un gran retorno de la inversión. "Instalar renovables es lo más complejo y costoso pero dentro de nada será la opción", considera Huerta. Para ayudar a hacer frente a estas inversiones, los ciudadanos puede solicitar las ayudas a la rehabilitación que contempla el nuevo Plan de Vivienda 2018-21 del Ministerio de Fomento o las subvenciones del Instituto para la Diversifiación y Ahorro de la Energía (IDAE), "que puso en marcha el Plan Pareer y cuyos fondos se agotaron en seguida".