El escenario Arenal Heineken, dispuesto a difundir la música por todas las esquinas de Bilbao como complemento del BBK Live, es equiparable al vermú de los domingos: relajado, despreocupado e informal. Lo fue durante el viernes, música de Neuman mediante, y volvió a ejercer el papel este sábado gracias a Joe Crepúsculo. El ambiente festivo patrocinado por el barcelonés se hizo sentir en un lado del río; en el otro, justo después, al Bereziak -especial en euskera, apoyado también dentro de la iniciativa musical de Heineken- se subían Izaro, una mezcla de calma y voz dulce en representación de las nuevas generaciones musicales a nivel local. 

Y de nuevo, Kobetamendi. Un inicio de tarde marcado por el indie español -con nombres como Joe la Reina y Triángulo de Amor Bizarro- sirvió para calentar motores; Las Odio, aunque en escenario pequeño, se reafirmaron como las abanderadas del movimiento riot girl español más fresco gracias a temas como Yo lo vi primero o Puede ser divertido

Tras un picoteo digno de recuerdo, marcado también por un resolutivo Benjamin Clementine, llegó el primer plato fuerte de la jornada. Noel Gallagher y sus High Flying Birds, acompañados por una bandera del Manchester City como protagonista de su escenografía, se desplegaron en el escenario para repasar temas de su discografía como Holy Mountain o Keep on Reaching. No llegaron a la masa que les observaba como sí lo hicieron temas de Oasis como Wonderwall -que sorprendió en el comienzo de la segunda mitad- o Don't Look Back in Anger, algo que confirmó la eterna cruz con la que cargan tanto Liam como Noel: la mayoría del público anhela los temas, convertidos ya en clásicos, que crearon juntos. 

Fuera de esa sensación, High Flying Birds consiguen un directo creíble, con vientos bien ejecutados y buenas voces a los coros. Mención aparte merece el cierre, con la archiconocida All You Need is Love de sus vecinos de Liverpool. Funcionó, pero la emoción creada entre el público no tiene tanto mérito cuando se tiende al recurso fácil. 

Un virtual difuso 

Gallagher puso el punto y final animando a todos a asistir al directo de Gorillaz. "Son asombrosos", aseguró. Y nosotros le creímos. El último cabeza de cartel atrajo las mayores expectativas del BBK Live. Damon Albarn salió al escenario, acompañado de su banda, y el público enloqueció. Su trabajo tiene mérito, desde luego, y no solo por su manejo de voz, guitarras y distintos teclados; también por haber dado vida a la banda virtual más famosa del mundo. 

Sin embargo, la esencia estaba diluida. El concepto de Gorillaz como realidad palpable cojea cuando el apoyo visual se limita a una proyección de los videoclips ya existentes y, de no darse el caso, de una animación pobre o una imagen prácticamente estática. Es una pena; Humanz se presentó con un vídeo musical potente como pocos en su día gracias al formato 360, y no estar a la altura en directo resta puntos en su resultado global. 

En el lado bueno, una hora y media de concierto da para mucho, aunque todo es poco con una discografía tan extensa. Albarn dio un repaso a su recién estrenado -y poco difundido- The Now Now, con canciones como Tranz o Lake Zurich, y prestó menos atención de la merecida a Humanz, su esperada vuelta en forma de elepé lanzado el pasado año. Sonaron también gran parte de sus exitazos: la preciosa Melancholy Hill, Stylo, Feel Good Inc. o Clint Eastwood, que sirvió como broche. 

El ex Blur y los suyos funcionan a nivel musical, en parte gracias al poderío de las voces que le acompañan, pero en la mezcla faltó la interacción -no necesariamente en holograma- de 2-D, Murdoc, Noodle y Russel. Se sintió también la ausencia de colaboraciones: aunque Benjamin Clementine conquistó gracias a sus toques de góspel en Hallelujah Money, se echó en falta la entrada de Noel Gallagher, que no acompañó a su ahora colega con ese We Got the Power presentado en el penúltimo disco.