Formación

Un maestro en clase.
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Dice Tal Ben-Shahar que "la felicidad es rentable, que es una buena inversión" y parece haber quedado demostrado que cuanto mejor nos sentimos más productivos somos. Esto, que en el mundo laboral empieza a calar, aunque a paso lento, también se está intentando que llegue al mundo educativo, a esa etapa de la vida en la que la personalidad comienza a forjarse. "Se puede enseñar y se puede aprender a ser feliz y es fundamental hacerlo en los colegios", defiende este doctor en Psicología y Filosofía por la Universidad de Harvard.

El conocido como 'gurú de la felicidad' ha sido uno de los ponentes del congreso virtual 'Ciento volando', organizado por SM. Durante dos días, miércoles y jueves, expertos y referentes de la enseñanza y profesores y directores de centros punteros se han reunido en una cita que ha pretendido servir de inspiración a los profesionales de la comunidad educativa. Una cita que, sin dejar de tratar otros temas, ha girado en torno al bienestar emocional como eje vertebrador. 

El panel lo han completado Mario Alonso Puig, cirujano de renombre internacional y experto en liderazgo; Álvaro Marchesi, catedrático emérito de Psicología por la Universidad Complutense y asesor ejecutivo del Instituto Idea de la Fundación SM; Begoña Ibarrola, experta en educación emocional; Neus Sanmartí, profesora honoraria de la Universidad Autónoma de Barcelona; Fernando Trujillo, profesor de la Universidad de Granada, e Irene Ortega, coordinadora de Ciudadanía de Entreculturas. Siete ponencias en las que se han repetido mucho conceptos como placer, calma, cuidados, fortaleza o resiliencia.

"Tenemos una ciencia de la felicidad y es una pena que no forme parte del currículo desde edades tempranas", ha lamentado Ben-Shahar, porque "cuando aumentan los niveles de felicidad, mejoran las funciones cognitivas, la memoria, la creatividad, la innovación, la motivación...", en definitiva, "aumenta el rendimiento escolar". Y no solo eso: "Cuerpo y mente están conectados, por lo que si ayudamos a las personas a ser más optimistas y positivas podemos prolongar su vida ocho o nueve años". 

Positivismo realista

Ese optimismo no pasa por preparar a los niños para "un cuento de hadas" sino para la vida real. De lo que se trata es de aportarles herramientas para lidiar con las dificultades. "Darse permiso para ser humano es la base del bienestar. Darse permiso para la infelicidad es la base de la felicidad", ha asegurado el especialista en psicología positiva, quien apunta que aceptar las situaciones dolorosas evita que se enquisten y que eso se logra hablando de ellas. "¿Por qué no animar a los niños a llevar un diario de emociones?", ha propuesto. 

"¿Por qué no empezar el día con unos minutos de meditación? ¿Por qué no introducir respiraciones profundas periódicamente a lo largo de la jornada? ¿Por qué no dar clases de alimentación saludable? ¿Por qué no terminar el día con un ejercicio de gratitud para que los alumnos expresen por qué están agradecidos?", son otras de las cuestiones que se ha preguntado, poniendo sobre la mesa estrategias concretas que se pueden llevar a cabo en las aulas. 

"Tenemos una ciencia de la felicidad y es una pena que no forme parte del currículo desde edades tempranas"

Ben-Shahar ha hecho este planteamiento ante el convencimiento de que la felicidad hay que practicarla, algo en lo que ha coincidido Begoña Ibarrola. "Para estar bien debemos cultivar determinadas habilidades", ha señalado la experta en educación emocional quien, "en un proceso continuo" y "transversal", ha apostado por "usar momentos de cada día para aplicarlas todas". Técnicas encaminadas a que los estudiantes aprendan a gestionar el estrés, a buscar instantes de calma, a construir relaciones sanas basadas en la generosidad y en la empatía, a trabajar en equipo y resolver conflictos, a que se marquen metas en la vida y a que sean curiosos y apasionados por aprender cosas nuevas. 

Una niña, en el laboratorio de su escuela.
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La también psicóloga y escritora cree que los obstáculos para desarrollar este modelo radican en la presión de tener que cumplir un currículo hasta ahora muy enciclopédico, en la falta de formación del profesorado en este ámbito y también en cierto miedo: "Te tienes que implicar como persona y hay docentes a los que les cuesta comunicarse desde lo que son en vez de desde lo que saben". Igualmente entre las familias, que deben ser incorporadas al proceso, existe "mucho desconocimiento" y reticencia a preguntar, por lo que "el primer paso lo debe dar la escuela".

hacia la autoevaluación

  • Entre las cuestiones principales abordadas durante el congreso ‘Ciento volando’ ha estado la necesidad de cambiar la forma de evaluar a los alumnos. Sobre este tema ha hablado principalmente Neus Sanmartí, pero también otra voces. La profesora honoraria de la UAB ha admitido que "sin evaluar no se puede aprender" pero se ha mostrado en contra de poner por delante de todo la calificación y ha abogado por cederles el protagonismo a los estudiantes: "Solo se puede corregir quien se ha equivocado. Los docentes debemos ayudarles pero son ellos los que tienen que tomar las decisiones para avanzar. Es importante que sean autónomos y se den cuenta de dónde están sus problemas y sus aciertos". Sobre los exámenes, Sanmartí ha explicado que "una actividad que permite demostrar lo que se ha aprendido es buena, pero no tiene mucho sentido hacerla inmediatamente". "Para ver si el conocimiento ha sido interiorizado habría que hacerla dos meses después", ha añadido. Vinculado al concepto de bienestar emocional, la experta ha recordado que la emociones que provoca el término evaluación son negativas: "Solo será gratificante cuando nos demos cuenta de que estamos aprendiendo, de que sabemos gestionar nuestros errores y de que avanzamos. Ese es el gran placer". Ella sueña con un día: aquel en el que los alumnos no pregunten "¿esto cuánto vale para la nota?" sino que valoren lo que están aprendiendo.

Convencida de que son escollos que se pueden superar, Ibarrola ha instado a que la educación emocional deje de ser "una asignatura pendiente". "Estamos pasando por momentos de malestar pero no nos han preparado para desarrollar nuestro nivel de bienestar y de felicidad", ha manifestado en referencia a la pandemia del coronavirus. Una situación que, a pesar del dolor que está generando, Mario Alonso Puig ha animado a ver como "una oportunidad para la revisión de los modelos mentales", unos modelos "obsoletos". 

En una sociedad tradicionalmente volcada en la capacidad cognitiva, que ha hecho que la inmensa mayoría de los ciudadanos sean "analfabetos" en lo que al bienestar emocional se refiere, el doctor considera que ahora más que nunca ha llegado la hora de valorar el mundo de los sentimientos: "Potenciar el hemisferio izquierdo del cerebro, el del conocimiento, está muy bien cuando nos movemos en entornos conocidos. En medio de la incertidumbre hay que potenciar el hemisferio derecho, el del descubrimiento, la imaginación, la conexión con el cuerpo, la relación con los demás...". 

"Aprender de memoria y estudiar conceptos potencia la neuroplasticidad. Pero la verdadera neuroplasticidad sale de la ilusión, la confianza en uno mismo, la pasión, el entusiasmo. Esto también es bienestar emocional, es ir a la escuela sabiendo que es tu oportunidad para crecer y evolucionar", ha agregado. 

Ciudadanía global y transformación digital

En todo este empeño, hay una corriente que tiene mucho que aportar: la ciudadanía global. "Un modelo de transformación personal y social que integra educación para la paz, para el medio ambiente, para la igualdad de género... Se concreta en ayudar a los jóvenes a desarrollar proyectos de vida con sentido, muy unidos al compromiso con el bien común", ha explicado Irene Ortega. "El reto es educar a personas que puedan ser felices en un contexto globalizado, no para sacar ventaja de él sino para contribuir a una sociedad más igualitaria, justa, respetuosa con los derechos humanos y sostenible", ha añadido. 

"El reto es educar a personas que contribuyan a una sociedad más igualitaria, justa y sostenible"

Entreculturas, junto a otras organizaciones, tiene elaborado un 'Modelo de centros educativos transformadores' que aporta una serie de indicadores que los colegios pueden aplicar para trabajar en este camino tras un análisis previo de su realidad y de sus retos. Uno de los ejemplos clásicos es el de analizar si los materiales didácticos incluyen el mismo número de referentes masculinos y femeninos en todos los campos del saber. 

Otro de los cambios a las que se enfrenta la enseñanza es la transformación digital, un proceso que se ha acelerado con la crisis provocada por la Covid. "Hemos tomado conciencia del enorme potencial que ofrece la tecnología a la educación y hemos constatado con claridad que no viene a sustituir a la presencialidad ni a la pedagogía", ha comentado Fernando Trujillo.

El profesor universitario se ha felicitado de que el proceso ya esté en marcha, con una mayor formación de los profesores, una plena concienciación de los estudiantes y de sus familias sobre la importancia de la tecnología y un currículo que incorpora cada vez más las competencias digitales como factor fundamental. No obstante reconoce que "queda mucho por hacer", entre otros puntos, incorporar a los centros el acceso a internet de alta velocidad y disponer de equipamientos suficientes, pero también insistir aún más en la preparación de los docentes para que la incidencia en las materias no se limite a "incluir vídeos o pdfs sino que suponga un replanteamiento". 

"El proyecto digital del centro -una reflexión colaborativa y en constante evolución- será la gran herramienta para esa transformación, un proceso complejo pero necesario. Tiene que ser un factor de mejora y de garantía de equidad", ha indicado Trujillo. En la búsqueda de esa equidad, Álvaro Marchesi ha reclamado más recursos para los centros, especialmente para aquellos que atienden a los chavales de los estratos sociales más desfavorecidos. "Tienen más dificultades y necesitan más apoyo y recursos", ha argumentado. 

El catedrático emérito ha reseñado asimismo la mejora de las condiciones laborales del profesorado como una de las necesidades del sistema educativo actual. "Tenemos unos profesores de excelente calidad pero sus condiciones no lo son", ha dicho y ha puesto como ejemplo el hecho de que aproximadamente el 25% de ellos cambie de centro todos los años: "¿Cómo es posible una enseñanza de calidad con tanta movilidad?". Además ha reclamado más orientadores, personal de refuerzo y menos alumnos por aula. 

De esta forma ha vuelto a salir a colación el bienestar emocional, de los alumnos, y también de los profesionales. Una cuestión que este congreso ha remarcado como clave. Junto a las Matemáticas, la Lengua o la Historia, la escuela, ya no del futuro sino del presente, debe introducir hábitos que toda la comunidad educativa acabe interiorizando y asumiendo como naturales en aras de llevar una vida más plena.

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