Opinión

En el lado chungo de la historia

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso
EUROPA PRESS/M.FERNÁNDEZ. POOL - Europa Press

De todas las corrupciones vigentes una de las más peligrosas es la del lenguaje. Aunque sea una simple frivolidad, un juego de palabras fabricado sobre la marcha por su famoso jefe de gabinete, estremece escuchar a Díaz Ayuso, entre jijís y jajás, que si la llaman fascista es porque está "en el lado bueno de la historia" y resulta igualmente inquietante su ya célebre disyuntiva entre "comunismo y libertad". El hecho de que dos días antes dijera lo mismo del socialismo invita a pensar que tan solo es eso, una suprema ligereza, pero en todo caso supone un supremo desprecio a lo mejor de nuestra historia reciente.

En la construcción de la democracia española –una de las más avanzadas de la Tierra– participaron comunistas que se habían partido la cara por la libertad frente a la persecución encarnizada de una dictadura emanada de un golpe de Estado y una victoria militar. Un comunista, Santiago Carrillo, fue el primero que empezó a hablar de "reconciliación nacional", ya en 1955, e incorporó ese concepto a la estrategia del PCE cuando accedió a su secretaría general, en 1959. Lo que predicó, lo practicó, pactando con Suárez, con Juan Carlos y, en fin, con quienes, procediendo del franquismo, pensaban que no podía haber franquismo sin Franco (eso deberían recordarlo también quienes desde la izquierda hablan despectivamente del "régimen del 78", que es un régimen de libertades creado gracias a los comunistas, entre otros).

Un político puede ser todo lo frívolo que quiera y morirse de ilusión si lo llaman fascista, pero no debe ignorar los cimientos del sistema democrático al que debe el cargo, poniéndose e intentando ponernos a los demás en el lado más chungo de la historia.

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