Señores (y alguna señora) directivos del IBEX 35: A ver, esto es complicado porque uno está lleno de contradicciones y, con la misma convicción con la que nunca he creído en el paraíso comunista, exactamente igual siempre he pensado que tanto la propiedad privada como los salarios deberían tener límites. Pero parece que no. Leo –y lo leo escandalizado– que los muchos directivos y las pocas directivas –esa es otra– del IBEX 35, ese club de escogidos, ganan 207 veces más que el mínimo de sus empresas; que sus sueldos, ya de por sí bastante voluminosos, aumentaron un 15% entre 2015 y 2016 frente a la media del 0,3%. No son datos manipulados o interesados por determinadas ideologías: son cifras que sus su propias compañías exhiben sin ningún problema porque están dentro de la legalidad (o casi).

Pero una cosa es la legalidad, señores directivos, y otra la moral, la ética, la conciencia y, si me apuran, hasta el sentido común. Miren, así no vamos a ninguna parte; cuando la tendencia es intentar hacer cada vez más horizontales las estructuras de las empresas, ustedes se agarran a una verticalidad tenebrosa a la hora de cobrar a fin de mes. Y eso que se han puesto límites –no sé si por la crisis o por pudor–, porque entre 2014 y 2016 la retribución de los principales ejecutivos creció un 40% y, como queda dicho, en el año pasado y el anterior subió ‘solo’ un 15% más; resumiendo: una media de 4,2 millones frente al vergonzoso 0,3% de los salarios medios.

No sigo con las cifras porque cualquiera las puede ver en los informes de Oxfam. Me cabrea la brecha social cada vez más grande, pero me intriga qué les lleva a ustedes a ponerse esos salarios a todas luces escandalosos en un país con unas pensiones de vergüenza –y nada seguras– y en un mundo en el que la mayoría de la riqueza se concentra entre unos pocos frente a la miseria de tantísimos.

Insisto en que además de la legalidad, y muy por encima de ella, está lo que hemos llamado valores, justicia...

¿Ustedes duermen bien? Insisto en que todo debe ser legal, pero insisto también en que no es justo. Insisto en que además de la legalidad, y muy por encima de ella, está lo que hemos llamado valores, conciencia social, justicia distributiva, moralidad. ¿Se han preguntado alguna vez dónde está la frontera que separa una riqueza más que suficiente de la avaricia pura y dura? ¿Cómo es posible mandar al paro a tantos mientras ustedes se blindan con unas indemnizaciones desorbitadas después de haber sido responsables de la quiebra? ¿Para qué sirve tanto dinero, señores directivos? La importancia del empresariado –que comparto– no solo se demuestra con discursos. Las nóminas a fin de mes dicen mucho más que las palabras.

Sin muchas esperanzas les deseo lo mejor, pero lo mejor para todos. Andrés Aberasturi