Seguramente habrán visto este fin de semana pasado una imagen aterradora en las noticias: la de un grupo de 200 osos polares esqueléticos y hambrientos en una isla del Ártico, lanzándose a la playa a devorar el cadáver de una ballena, que habría sido arrastrada hasta la orilla por las olas. Fueron los pasajeros de un crucero los que descubrieron la cruel fotografía de una realidad  provocada por el calentamiento global, que está derritiendo los polos.

La fuerza de esta imagen terrible sobre lo que los humanos nos estamos haciendo a nosotros mismos y al resto de los seres vivos que habitan el planeta, tan suyo como nuestro, quizá haya dado para vapulear nuestra conciencia un ratito, mientras vemos la noticia y la comentamos con el de al lado, pero nada más. Al día siguiente, hemos vuelto a lo mismo: a vivir como los reyes del mambo de la Tierra y a aparcar la conciencia que nos complicaría la vida, porque ser consecuente y respetuoso nos complica mucho la existencia, a mí la primera. Y los osos pasan a la parte de atrás del pensamiento con la misma facilidad con la que nos zambullimos en nuestra fantástica cotidianidad de no pensar en las consecuencias de lo que hacemos: cogemos el coche para ir a trabajar o a donde sea, utilizamos cualquier producto, por tóxico que sea, porque es lo que encontramos en las baldas del supermercado, llenamos de plástico nuestra existencia o nos lanzamos a consumir porque para eso estamos en la época del desenfreno navideño y si no estamos, nos sacamos de la manga un viernes negro o un domingo de ramos.

Y es el consumo excesivo el que está provocando que algunas especies se estén extinguiendo a una tasa 1.000 veces mayor de la normal, que el 90% de la Gran Barrera de Coral esté muerta o agonizante o que los peces se hayan vuelto adictos a los plásticos que atestan los océanos. Por citar solo unos ejemplos de aquellos de los que alertan los expertos.

Si logramos proteger el 50% del planeta, nuestro ecosistema sería capaz de estabilizarse

Menos mal que hay por el mundo unos pocos Pepitos Grillo que se empeñan en que cambiemos de mentalidad. La organización activista Avaaz, por ejemplo, está pidiendo ayuda a los ciudadanos para poder llevar a cabo una campaña y seguir el consejo de 15.000 científicos, que hace unos días enviaron un ‘aviso a la humanidad’ en el que avisan de que si no paramos de contaminar, el planeta está condenado. Creen, sin embargo, que si logramos proteger el 50% del planeta de la explotación humana, nuestro ecosistema sería capaz de estabilizarse y regenerarse. Y en conseguirlo están los vapuleadores de conciencias.

Una amiga mía, Paloma G. López, fundadora, entre otras muchas cosas, de la Asociación de Moda Sostenible de Madrid y una luchadora por cambiar los hábitos de consumo en ese sector para ser más respetuosos y preservar el medio ambiente, decía este fin de semana: "La vida es un milagro, vístete bien". Un buen resumen que se puede aplicar a cualquier ámbito.