Llevan años generando miedo entre la población a cuenta de la seguridad porque en ello les van sus abultadas ganancias y para conseguirlo envían mensajes truculentos a todas horas en forma de anuncios publicitarios. Son tan cansinos que en mi casa decidimos hace tiempo apagar la televisión o la radio –mayormente son anuncios de radio, la sensación de miedo generada por una voz es mayor que por una imagen– cada vez que escuchamos a una propia decirle a otra: «A fulanito le han robado en casa y por eso nosotros vamos a poner una alarma, porque somos los únicos de la calle que no la tenemos todavía y aprovechando que están los de la empresa de seguridad aparcados mismamente enfrente, pues eso, que la vamos a instalar», o algo así.

Este es solo un ejemplo, pero los tienen a barullo. Sus creativos deben leerse cada día la página de sucesos de los periódicos para encajar los casos que encuentran directamente en la publicidad, porque nos machacan con el temita de una forma tan agresiva que llegan a convencernos de que si no tienes un sistema de seguridad instalado, las vas a pasar canutas. Vamos, que puedes acabar en el hospital por un asalto si no cuentas con un sistema de protección que hace que ellos velen por tu vida en tu propia casa.

Este verano, un amigo estuvo a punto de poner una alarma de esa misma empresa en su casa, temeroso –muy temeroso– de que le pudiera pasar a él lo que escuchaba en la radio por activa, pasiva y perifrástica que les pasaba a unos hipotéticos incautos que no la tenían. Hasta llegó a hablar con un comercial, aunque después lo pensó mejor y se echó para atrás. Comentamos entonces entre bromas que seguro que le daban un susto para terminarlo de convencer y mira por dónde, buscando sobre el asunto, he leído que lo de meter el miedo en el cuerpo de los posibles clientes se lo toman muy en serio y que algún jefe de equipo se había pasado tres pueblos al repetirles hasta la saciedad a sus vendedores: «Esto va a ser aquí un himno, o ponen la alarma o no duermen, o ponen la alarma o no duermen», entre otras lindezas.

Me imagino a una legión de sus comerciales de alarmas recorriendo domicilios para venderle a la gente miedo, desconfianza y angustia por lo que le puede pasar si no plantan de una vez la puñetera alarma. Seguro que lo bordan; y ahí están los datos: casi un millón de clientes y una facturación anual de 400 millones de euros solo en España.

El miedo es muy rentable y ellos consiguen transmitirlo muy bien a cualquier hora y en cualquier situación. Mi vecina Mercedes es una mujer mayor a la que han asustado mucho esos anuncios, pero no se va a pagar la instalación. Lo ha resuelto con la pegatina de la empresa de seguridad en su puerta y con eso ha ahuyentado la mitad de sus temores. ¡Solo con el nombre!