¿Cuánto de preocupados estamos con el tema de la contaminación, sequía y la mala calidad del aire que respiramos cada día? ¿Hemos cambiado hábitos? ¿Hemos dejado el coche en casa? O ¿controlamos más cuánta agua dejamos correr cada vez que abrimos el grifo? ¿Limitamos el número de veces que tiramos de la cisterna? ¿Hacemos duchas más cortas? Miramos constantemente hacia nuestros ayuntamientos y pedimos, con todo el derecho, que se tomen medidas. Está bien, pero algo deberemos hacer nosotros también, ¿no?

Hace unos días un informe de Ecologistas en Acción denunciaba que 18 ciudades españolas, 18, superan los niveles de contaminación recomendados por la OMS, la Organización Mundial de la Salud, pero solo dos, Madrid y Valladolid, están haciendo algo. El resto ignora que sus medidores se disparen cada día y que la calidad del aire de sus ciudades sea nociva y mortal según los datos de la OMS: la contaminación del aire de las grandes ciudades está detrás de la muerte prematura de 30.000 personas en España. Y un informe reciente del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona confirma que en los días de alta contaminación aumenta el número de infartos graves. Si se redujeran los niveles, dice, se evitarían hasta 20 muertes al año. Una cifra terrible que debería hacernos recapacitar.

Es un incordio dejar el coche, es verdad: perdemos minutos de nuestro día en viajar en transporte público. Un trayecto que en coche hacemos en 20 minutos se alarga a una hora si lo hacemos en transporte público, y no siempre es fácil encontrar la combinación idónea para llegar desde nuestra casa a nuestro trabajo. Hay empresas en el extrarradio de las ciudades, en zonas industriales, a las que no llega el metro o el cercanías y en las que la frecuencia de autobuses eterniza los trayectos diarios.

Nos queda agua para poco más de un mes y medio si no llueve con ganas en los próximos días

Pero la realidad es que vamos hacia un clima seco, con periodos largos de falta de lluvias e incluso de sequía crónica. Llevamos semanas esperando una lluvia que no llega y comprobando como nuestros pantanos van perdiendo reservas día tras día. La ministra de Fomento confirmaba hace una semana que nos queda agua para poco más de un mes y medio si no llueve con ganas en los próximos días. Las restricciones al consumo son ya una realidad en muchos pueblos de Galicia. Así que algo habrá que hacer. Y habrá que hacerlo cuanto antes.

De momento, los ecologistas denuncian que no hay una sola campaña de concienciación. Que las medidas que se han tomado son escasas y que es necesario un protocolo nacional. El bucle político en el que estamos metidos no nos deja ver lo importante, lo urgente, lo necesario: el gran problema que van a tener que afrontar nuestros hijos es el cambio climático. Así que empecemos ya.