Lo que aparece nítido en la pantalla adquiere la potencia y el valor de los símbolosTenía mucho interés en ver "Desde allá", el primer largometraje dirigido por el venezolano Lorenzo Vigas. La película se exhibió en el pasado Festival de San Sebastián y antes había ganado, no sin sorpresa, el León de Oro del Festival de Venecia. Es una película incómoda y áspera tanto por su argumento como por su realización formal. La trama gira en torno a un maduro protésico dental de personalidad complicada: por una parte, guarda un resentimiento feroz e inexplicado hacia su anciano padre (un gran empresario o ejecutivo) con el que ha cortado toda relación y al que espía; por otra, sólo encuentra satisfacción sexual masturbándose ante muchachos que sube a su apartamento. No son prostitutos sino chicos de la calle, seguramente heterosexuales, a los que convence con grandes cantidades de dinero y con los que, una vez en su casa, evita todo contacto físico: no les acaricia ni besa y ni siquiera les mira a la cara mientras se masturba. Pese a todo, Armando (nombre del protésico), aparentemente tan frío y desapegado, acaba obsesionándose con uno de ellos, Élder, un joven que, entre otras cosas, se gana la vida pegando palizas por encargo. El propio Armando sufre el desprecio y la violencia de este muchacho, quien (en distintas ocasiones) le insulta, maltrata, miente, roba y descalabra. La típica persona de la que uno se enamora todos los días, vamos (con todo, la obsesión de Armando por él no es de naturaleza sentimental: el primero parece incapaz de sentir amor y su fijación por el muchacho se debe a razones que el espectador debe suponer por su cuenta; además, tanto Armando como Élder son profundamente homófobos).

Tan alegre planteamiento está narrado de una manera morosa, elegante y elusiva. Casi nada en esta película es explícito y los desnudos o los golpes suelen figurar fuera de plano o desenfocados. Se diría que las intenciones y pensamientos turbios de ambos protagonistas se plasman en imágenes igualmente borrosas: así, lo que aparece nítido en la pantalla (sean objetos o rostros) adquiere la potencia y el valor de los símbolos. Por otra parte, domina una estética naturalista, muy cercana a la del cine social, reforzada por la elección del intérprete de Élder, Luis Silva, quien no tenía experiencia como actor y procede de una familia muy humilde. Este afán testimonial de "Desde allá" contrasta con la ausencia de toda referencia política expresa. En España nos hemos acostumbrado a que Venezuela forme parte de la crónica política diaria y casi hemos hecho de su información un género televisivo más, con sus arengas, manifestaciones, estrellas internacionales invitadas y políticos en chándal y con gorras de béisbol. Esta Venezuela, omnipresente en los telediarios, siempre convulsa y obsesionada con la política, está ausente en la película. No se nos oculta que la ciudad que vemos es Caracas, pero "Desde allá" podría estar ambientada en muchos otros lugares del mundo.

En España nos hemos acostumbrado a que Venezuela forme parte de la crónica políticaLa película tiene grandes valores, pero también flaquezas. Tratándose de una obra realista, adolece a menudo de inverosimilitud, hasta el punto de que se puede pensar que el director quiere contar una historia alegórica y casi onírica, como si Freud y Pasolini inspiraran a los guionistas además de Pablo Larraín o Ken Loach. No sólo la relación entre Armando y Élder chirría en demasiadas ocasiones, sino que todo lo que tiene que ver con Armando y lo paterno (gran tema del psicoanálisis) se presenta de una manera alambicada e irreal. Junto a estos brochazos, la película tiene también momentos muy sutiles y está llena de miradas, de silencios y elipsis. Contiene además una secuencia que me tocó el corazón: se trata de una simple fiesta familiar en una sala de baile. No quiero dar detalles, pero en esas imágenes sobre la vida corriente late una verdad muy honda y quizá sólo por ellas merezca la pena entrar en el cine y descubrir esa otra Venezuela.