La sequía que vivimos está pasando ya factura en el recibo de la luz. Los precios de la electricidad se han disparado y solo es el anticipo de la subida que podríamos experimentar cuando la demanda crezca con la llegada del frío. La causa la encontramos en la falta de lluvia y en el nefasto diseño del mercado eléctrico. Tenemos un sistema marginalista en el que la última central que entra a cubrir la demanda es la más cara y fija el precio de las demás. Con la actual sequía, la electricidad que venía cubriendo la hidroeléctrica se está sustituyendo por carbón y gas –más caros y contaminantes–.

Con estos factores el pronóstico es claro: o las reglas de juego cambian, o este invierno volveremos a ver al presidente del Gobierno encomendándose a la Virgen de la Cueva para que los precios no se disparen. Volveremos a fiar todo a la lluvia, aunque lo que necesitemos sea un diluvio.