No es necesario tener un destino planificado. Ni siquiera una fecha concreta marcada en el calendario. Solo las ganas de planear un viaje en cuanto se tengan los ahorros y el tiempo suficientes. Viajar se ha convertido para muchos jóvenes en un hobby, como puede ser tocar un instrumento o hacer deporte. En parte gracias a que, hoy en día, los vuelos ‘low cost’, las promociones, proyectos como el ‘interrail’ o las políticas europeas que han favorecido el tránsito turístico y, por supuesto, internet, han hecho que viajar sea mucho más accesible para bolsillos jóvenes.

Sin embargo, muchos jóvenes han empezado a ver en la opción de viajar una forma de escape a un trabajo, una responsabilidad o una vida, en definitiva, rutinaria y aprovechan cada ocasión para salir de la zona de confort buscando nuevas experiencias que relatar bien a su regreso, o bien a través de las redes sociales.

El origen del término 'Wanderlust'

A este impulso por convertirse en un nómada en pleno siglo XXI se le conoce como el síndrome ‘Wanderlust’, un término que proviene del alemán, y está compuesto por dos palabras: ‘wandern’, que significa ‘vagar’ y ‘lust’, cuya traducción es ‘pasión’. La traducción de ambas de forma menos literal sería “pasión por viajar” o lo que es lo mismo, sentir un fuerte impulso o deseo de recorrer y explorar el mundo.

En castellano existe un término que se acerca a la palabra alemana pero cuyo significado tiene cierta connotación negativa: ‘dromomanía’ o “inclinación excesiva u obsesión patológica por trasladarse de un lugar a otro”, según la RAE.

Y, al contrario que el término en español, el alemán se ha puesto de moda y aparece a menudo como el argumento de un estilo de vida en ‘hashtags’ en las redes sociales, en pósters, ilustraciones, fotografías e incluso hay quien decide hacerse un tatuaje en el que se lee claramente: ‘wanderlust’.

Filosofía

Para las personas que se identifican con este concepto, el equipaje no es uno de los pilares de su viaje, al contrario, pesan más la improvisación y la curiosidad por lo que, si surgen contratiempos, ya encontrarán una forma de solucionarlos. Lo mismo sucede con los famosos ‘souvenirs’, que quedan relegados a invertir el dinero en experiencias. Además, sus escapadas se ajustan a al tiempo del que disponen, pero nunca es demasiado: si solo cuentan con tres días, es la ocasión perfecta, pero si pueden disfrutar de varios meses, también lo es.

Pero tranquilidad, este mal llamado síndrome no es una enfermedad, ni se puede diagnosticar como tal, es más bien la interpretación de que salir de tu entorno es una vía de escape, una forma de rechazo hacia un estilo de vida rutinario que parece encajonar a la persona en la monotonía.